jueves, 14 de mayo de 2015

¡Rosa Luxemburg pertenece a la revolución proletaria, no a los socialdemócratas! (x CCI)

"A los grandes revolucionarios en vida, las clases de los opresores les recompensan con persecuciones incesantes, acogen su doctrina con la furia más salvaje, con el odio más feroz, con las campañas más estruendosas de mentiras y calumnias. Después de su muerte, tratan de hacerlos íconos inofensivos, de canonizarlos por así decirlo, de rodear su nombre con una cierta aureola con el fin de "consolar" a las clases oprimidas y de mistificarlas; de esta manera, vacían su doctrina revolucionaria de su contenido, la degradan y le matan el filo revolucionario. Es con esta forma de "acomodar" al marxismo que se reúnen hoy en día la burguesía y los oportunistas del movimiento obrero" (Lenin, El Estado y la Revolución, 1917) ([1]).

El 15 de enero de 1919, Rosa Luxemburg fue asesinada, con su compañero de combate Karl Liebknecht, por los cuerpos francos. Esta soldadesca estaba entonces bajo las órdenes del Ministro Noske, miembro del SPD (la social democracia alemana) quien declara “¡se necesita un  perro sanguinario, yo voy a ser ese!”. Son los socialistas en el poder, a la cabeza del Estado democrático, los que orquestaron la sangrienta represión de la insurrección obrera en Berlín y asesinaron a una de las más grandes figuras del movimiento obrero internacional.
Este atroz asesinato había sido preparado durante mucho tiempo por una serie de calumnias en contra de Rosa Luxemburg. “Rosa la roja”, “Rosa la incendiaria” ([2]), “Rosa la sanguinaria”, “Rosa, la agente del zarismo”… durante su vida no se salvó de ningún ataque calumnioso contra su persona, para culminar en los llamados al pogromo de finales de 1918 y principios de 1919, especialmente durante la “semana sangrienta” en Berlín.
Pero apenas unos meses después de su asesinato, la burguesía y los oportunistas del movimiento obrero comenzaron a hacer de ella un ícono inofensivo, a fin de canonizarla, de vaciar su doctrina revolucionaria de su contenido, devaluarla y matarle el filo revolucionario. Rosa Luxemburg no debía quedar  como la militante intransigente y ejemplar que fue; debía morir una segunda vez, desnaturalizada en una especie de demócrata pacifista y feminista. Este es el verdadero objetivo, durante décadas, del trabajo de “remembranza” que pretende “rehabilitar” (es decir apropiarse) a esta gran combatiente de la revolución.

Una campaña constante para desnaturalizar el combate de Luxemburg y Lenin

En la década de 1930, por ejemplo en Francia, se desarrolló toda una corriente en torno a Lucien Laurat, corriente que cedió siempre más netamente a los cantos de sirenas de la democracia para afirmar que, desde el principio de la “revolución bolchevique”, “el gusano Lenin” estaba en el “fruto” del proyecto revolucionario. Esta ideología hacía lógicamente la apología del ejército republicano en la guerra de España 1936-39, saludando a los logros del alistamiento de los trabajadores en la segunda masacre mundial so pretexto de lucha contra el fascismo. Será capaz de apoyar al POUM en España y a los trotskistas en su ¡"heroísmo" nacional como miembros de la resistencia! Esta propaganda democrática nauseabunda fue llevada a su paroxismo más particularmente después de la II Guerra Mundial por personas como René Lefeuvre, fundador de las ediciones Spartacus. Éste, en una colección de textos de Rosa Luxemburg ([3]), con un prefacio puramente ideológico y un título prefabricado: El Marxismo contra la dictadura (¡un título que jamás fue utilizado por Rosa Luxemburg!), presentaba en 1946 a esta combatiente de la revolución como radicalmente hostil al bolchevismo, lo que no es sino una mentira grosera. En la introducción de la recopilación, hasta escribió esto: “todos los grandes teóricos marxistas de renombre internacional: Kart Kautsky, Émile Vandervelde, Rodolphe Hilferding, Karl Renner, Georges Plekhanov –y los que se nos pueden pasar– denunciaban al igual que Rosa Luxemburg, la doctrina totalitaria de Lenin como absolutamente contraria a los principios del marxismo."
Estalin momifica a Lenin y desnaturaliza su pensamiento en un dogma aterrador. Rosa Luxemburg, la "sanguinaria", ¡aquí se convierte en una especie de santo apóstol de la democracia! La contrarrevolución estalinista generó rápidamente, debido a sus miasmas, estas dos nuevas ideologías putrefactas y complementarias: la carnada “luxemburguismo” por un lado y el anzuelo “marxismo-leninismo” por el otro. Se trata en realidad de las dos caras de una misma moneda, o mejor dicho, de las dos mordazas de una misma trampa: rechazar a los bolcheviques “con el cuchillo entre los dientes” y glorificar la figura ofrecida de Rosa “pacifista”, como se admira a esos leones “salvajes” hollywoodenses, mutilados, sin colmillos ni garras.
En 1974, en la Alemania del campo democrático (la RFA), los sellos postales ¡incluso fueron impresos con la efigie de Rosa Luxemburg!

Una nueva campaña contra el proletariado y sus organizaciones revolucionarias

Después del derrumbe del bloque del Este y la desaparición de la URSS, esta vasta campaña ideológica fue exhumada y se amplificó para poder alimentar la pretendida “muerte del comunismo”, decretada con celo cuando cayó el muro de Berlín. La ideología oficial prosigue aquí la mentira más grande de la historia equiparando fraudulentamente al comunismo con el estalinismo. Se trata de un arma ideológica particularmente eficaz en manos de la clase dominante. Puesto que si desde 1990 el proletariado tiene tantas dificultades para reconocerse como una fuerza social, para desarrollar su conciencia y su organización, es precisamente porque está separado de su pasado, porque perdió su identidad, porque ya no sabe de dónde viene, quién es y a dónde puede ir. Si el comunismo es el estalinismo, este horror que finalmente quebró, ¿por qué pelear entonces? ¿Por qué estudiar la historia del movimiento obrero si éste habría llevado al desastre estalinista? ¡Es esta lógica y este veneno los que la burguesía hace entrar en los cráneos! Y la presentación de Rosa como “pacifista, republicana y enemiga de Lenin”, este “pro-dictador del proletariado”, este “padre espiritual de Estalin”, es uno de los capítulos negros de esta vil propaganda. ¡Quienes participan en ésta, de manera consciente o no, están luchando contra la clase trabajadora!
Hoy los blogs, los foros (como por ejemplo Libcom en Gran Bretaña donde hubo declaraciones viscosas respecto a Rosa Luxemburg), en librerías y kioscos, en todas partes de Europa y del mundo, una nueva campaña nauseabunda resurge para de nuevo distorsionar la imagen de la militante Rosa Luxemburg. Por eso es que en programas de televisión, Rosa Luxemburg ha aparecido recientemente bajo los únicos términos de una “mujer” y “pacifista”. El muy reconocido y estimado diario Le Monde publicó un artículo en septiembre de 2013, realizado por un cierto Jean-Marc Daniel, profesor del ESCP Europa, con el muy sugestivo título: “Rosa Luxemburg, marxista pacifista”. Esta combinación de las palabras “marxista” y “pacifista” puede dejar sin aliento: ¡el “verdadero marxista” es para la clase dominante el que abdica ante la guerra de clases, que renuncia a la insurrección y al derrocamiento del capitalismo!
Muchos libros se publican actualmente hasta en la literatura para niños, donde Rosa Luxemburg es presentada de nuevo como una feroz opositora de los bolcheviques y del “dictador” Lenin (ver artículo en este mismo sitio). Igualmente, conferencias y debates se organizan por todas partes, como así fue recientemente en París bajo la batuta de los historiadores demócratas “luxemburguistas” del grupo “Crítica social”. ¡Incluso con las artes, el premio MAIF 2014 de la escultura recompensó a Nicolas Milhé por su proyecto "Rosa Luxemburg"¡. Una verdadera ovación para Rosa... siempre y cuando se la oponga a sus compañeros de combate, a los bolcheviques, a la Revolución rusa y a la revolución simplemente. La recuperación de Rosa Luxemburg para transformarla en “ícono inofensivo” es una vasta empresa de intoxicación ideológica. Su objetivo es inocular la idea de que el proletariado debe luchar para... construir no la sociedad comunista mundial, sino una sociedad “más democrática” inspirándose en la obra despreciada de Rosa Luxemburg falsamente presentada como una enemiga de los bolcheviques. Después de la odiosa propaganda del Libro negro del comunismo, ahora es en parte este discurso el que se enseña muy oficialmente y en serio en los programas escolares ([4]).
Hoy, el reto para la burguesía es convencer a los elementos más críticos y recalcitrantes, que no hay otro futuro que la defensa de la democracia burguesa. ¡Pero detrás de esa desnaturalización, también hay en la campaña de recuperación de Rosa Luxemburg por los “demócratas” de todas las fronteras, otro objetivo perseguido –y no confesado!–: el de desacreditar –“demonizándolas” una vez más– las verdaderas posiciones de las organizaciones revolucionarias.
Olga, 7 de noviembre de 2014


[1] Esta cita magistral de Lenin también es válida para el destino que la burguesía reservó a Jean Jaurès. Lea nuestro artículo en Révolution Internationale, no 448, p.8.
[2] “Pétroleuse”: así fue como ya en 1871 la burguesía llamó a las mujeres de la Comuna de Paris, entre ellas a Louise Michel.
[3] "Problemas de la organización socialista" (1904), "Masas y jefes" (o "Esperanzas frustradas" - 1903), "Libertad de crítica y de ciencia" (1899).
[4] Véase en nuestro sitio Internet el artículo “La falsificación de la historia en los programas escolares".

sábado, 9 de mayo de 2015

Blanqui y la democracia. (Proletarios y Burgueses)

PROLETARIOS Y BURGUESES

Son ellos que inventaron ese lindo aforismo: ¡ni proletario, ni burgués sino demócrata! Pero por favor ¿qué quiere decir demócrata?. Es una palabra de moda, banal, sin acepción precisa, una palabra de goma. ¿Qué opinión no lograría ubicarse en esa etiqueta? Todo el mundo se dice demócrata. ¿No sabe usted que M. Guizot es un demócrata?  Son los enclenques que se complacen en esa vaguedad que les viene muy bien, tienen horror de puntos sobre las i.

Por eso prohíben los términos: proletarios y burgueses, justamente por tener un sentido claro y neto, por decir las cosas categóricamente. Eso es lo que les molesta, se los rechaza como provocadores de la guerra civil. ¿Dicha razón no os es suficiente para abrir vuestros ojos? ¿Y que otra cosa estamos obligados a hacer desde hacer tanto tiempo que la guerra  civil? ¿Y contra quien?

Ah! Esa es precisamente la cuestión que tratan de embrollar por medio de la oscuridad de las palabras: se trata de impedir que las dos banderas enemigas se contrapongan frente a frente, para después del combate, poder arrancarle a quienes ganaron, los beneficios de la victoria y hacer que los vencidos, poco a poco, vuelvan a asumir la posición vencedores. No quieren que los dos campos adversos se designen por su verdadero nombre: proletariado, burguesía.

Augusto Blanqui 1852

martes, 5 de mayo de 2015

1918. ALEMANIA. La revolución de los Consejos


Publicado en: Revista "Etcétera", n°54, marzo 2015. pp. 82-84. 


(Transcribimos a continuación un fragmento de la contribución de Arthur en nuestro libro colectivo «Días Rebeldes»)

Quizás nunca se ha mentido tanto y de manera tan desvergonzada a propósito de acontecimientos históricos como en el caso de la revolución alemana que estalló en los primeros días de noviembre de 1918 y en menos de una semana se llevó por delante a la monarquía bávara y al IIº Reich alemán. Tanto en la historia que se enseña en Alemania como fuera, esta mentira deliberada y este silencio interesado sirven evidentemente para ocultar la apuesta de un asalto central dirigido contra este viejo mundo que acababa de mostrar de lo que era capaz: cuatro años y medio de una hecatombe mundial sin precedentes. La revolución en Alemania, la potencia industrial dominante en 1913, amenazaba con ser el pivote de un cambio radical de la hegemonía del capital.
Kiel, domingo 3 de noviembre de 1918. Los marinos de la 3ª escuadra de la flota del mar Báltico iban a reunirse en la casa sindical y se la encuentran cerrada. Celebran un meeting en la gran plaza, detrás de Waldwiese, donde se juntan con los obreros. Una impresionante manifestación conmueve toda la ciudad. En una esquina, se encuentra cara a cara con una patrulla, encabezada por un teniente que les ordena dispersarse. Nadie se mueve. Una orden seca: «¡Fuego!» Las descargas dejan nueve muertos y veintinueve heridos en la calzada. Pero mientras el gentío se esparce, un marino empuña su arma y mata al teniente Steinhäuser. Esta respuesta es la palmada que da salida a la revolución alemana.
En la mañana del 4 de noviembre, los marinos saben que para ellos ya no hay vuelta atrás. Eligen consejos de soldados, desarman a sus oficiales e izan la bandera roja en sus navíos. Después, bajan a tierna armados, bajo la égida de sus consejos, que encabeza un tal Artelt, segundo contramaestre. Sin resistencia, ocupan la prisión militar y liberan a sus camaradas, los amotinados del Thuringe y del Héligoland —más de un miliar— que habían sido transportados desde Wilhelmshaven tres días antes. Otros toman los edificios públicos y otros la estación ferroviaria, dejando por mentiroso a Lenin, a quien le gustaba ridiculizar a los revolucionarios alemanes pretendiendo que no podrían tomar una estación antes de la apertura de las ventanillas para comprar un billete. Por la tarde, un destacamento del ejército, enviado para reducir la sublevación de los marinos, confraterniza con ellos. El comandante debe inclinarse ante los consejos de soldados. La infantería de marina se solidariza. Los portuarios decretan la huelga general. La misma tarde, Kiel está en manos de 40.000 marinos y soldados insurgentes.
El 9 de noviembre de 1918, Berlín está también en manos de los consejos de obreros y de soldados. En cinco días, del 5 al 9 de noviembre, los consejos obreros se han extendido por toda Alemania. Guillermo II, el Kaiser, es forzado al exilio.
(...)
En Berlín, la explosión de masas el 5 de enero de 1919 fue espontánea. Convocados a un gran meeting en la Siegesallee, una gran multitud, en parte armada, converge hacia el centro de Berlín, resuelta a la acción. Se apoderan de las estaciones, de las rotativas... Por la tarde 86 delegados se encuentran en la Prefectura para constituir un «comité revolucionario provisorio» de 53 miembros que lanza una proclama para revocar al gobierno.
El lunes la huelga salvaje es general, las masas obreras salen a la calle pero, aparte de algunas nuevas ocupaciones, nada sucede. Las guarniciones favorables al movimiento dudan de lanzarse a la batalla. Los días siguientes la situación empieza a pudrirse. Erbert respira, y la SPD empieza a levantar cabeza. Llamando otra vez a la unidad de las fuerzas socialistas, el gobierno remite a Noske. La batalla decisiva tiene lugar del 9 al 12 de enero de 1919. En las calles de Berlín, las tropas de la represión luchan casa por casa para apoderarse de los edificios ocupados. El choque más mortífero fue la reconquista del Vorwärts el día 11, que acabó en un baño de sangre. La prefectura fue la última plaza a caer el domingo día 12.
Aplastada la sublevación, los cuerpos francos de Maercker y el estado mayor de Lüttwitz entran en Berlín. Dejan para más tarde la ocupación de los barrios obreros del norte y del este de la ciudad. La división del capitán Waldemar Pabst establece su cuartel general en el Hotel Eden. Desde su instalación el 15 de enero, presenta su carta de visita: el asesinato de Karl Liebknecht y de Rosa Luxemburg.
Ha sonado la última hora de la revolución. Uno de los hombres más intrépidos del movimiento revolucionario y la teórica más lúcida de su generación, la única capaz de criticar a la vez a Bebel y Kautsky, Lenin y Trotski, Jaurès y Pilsudski, fueron lanzados como perros al pasto de la soldadesca. Su asesinato constituyó la señal del inicio de miles de asesinatos que marcaron la era de Noske, anunciando las muertes en serie por las que pronto iba a destacarse la era de Hitler. Los socialdemócratas acababan de demostrar que nada tenían que envidiar a la ferocidad de Versalles.


Mahatma Kane





jueves, 30 de abril de 2015

EL RECORRIDO DE MARX HASTA EL (INACABADO) CAPITAL x Diego Guerrero.

Bajar desde aquí: http://luxemburguismo.wordpress.com/files/2008/11/resumen-de-el-capital-diego-guerrero-octubre-20082.doc


El resumen de Rosdolsky, centrado en los Grundrisse, sigue siendo muy adecuado para una perspectiva global de este recorrido teórico: desde una 1ª fase, en la que Marx se propone una crítica de la economía política (EP) y la política pero también del derecho, la moral y la filosofía, pasa a una 2ª, en que su objetivo son sólo la EP y la política; y una 3ª, en que “abandonó su plan anterior de incluir también una ‘crítica de la política’ en su obra”, para realizar [desde ff. 1851] “un ‘ajuste de cuentas’ con la EP anterior y los sistemas socialistas” (Rosdolsky, 1968, p. 30; citado infra en el Anexo III, 2.A: A-III/2.A). En Mandel (1967; vid. A-III/2.A) puede leerse otro específico “estudio genético” de este tipo. Rubel (1956, 1960: A-I, punto 7) contiene una exhaustiva bibliografía de las obras de Marx, actualizada en la completísima Enciclopedia de Draper (pero véase el punto 7, infra), donde se encuentra el detallado apéndice (1985/86, vol. I, pp. 292-7: A-I, punto 7) que inspira este cuadro cronológico. Distinguimos en total 6 etapas (a las que añadimos un apartado, el 7, sobre la bibliografía y las ediciones de la obra de Marx).

1) París: oct. 1843 – febr. 1845.
Febr. 1844: se publica en los Anuarios Franco-alemanes el art. de Engels (E) “Esbozo (o delineación) de una crítica de la economía política” (Umrisse), que lleva a Marx (M) a leer y extractar a los economistas ingleses.
Mar.-jun.: primera “obra” económica de M: los extractos de los Elementos de James Mill.
Abr.-mayo: primero de los Manuscritos de París; que deja inacabados en ag.
Sept.-nov.: escribe con E La sagrada familia y comienza su correspondencia: ya en su 1ª carta (oct.), E ve necesario difundir el trabajo “teórico” de M en Alemania y le reclama que acabe su proyectado libro de EP.
Dic. 1844-en. 1845: estudio de EP hasta su expulsión de París (3-febr-1845), justo después de firmar contrato con Leske para publicar una Crítica de la política y la economía política (2 vols.).

2) Bruselas (febr. 1845 – mzo. 1848)
Febr.-dic. 1845: 10 cuadernos con notas de EP.
Marzo: crítica inacabada de la EP de List (El sistema nacional de EP), negociada infructuosamente con Leske, quien propone a M, E y Hess una “Biblioteca” de grandes obras de autores socialistas y comunistas.
Mayo: E publica en Leipzig su Condición de la clase obrera en Inglaterra (2ª ed., 1848), que ejerció también una influencia decisiva sobre M.
Jul.-ag.: viaja con E a Londres y Manchester, para contactar con el movimiento obrero inglés y estudiar EP
Oct.: planea escribir con E sobre la cuestión arancelaria y el debate proteccionismo - librecambio (ed. Campe).
Nov.: escribe, con E, La ideología alemana, que trata de EP sólo de pasada. 1ª defensa de la teoría laboral del valor.
Jul. 1846-febr. 1847: proceso de ruptura con Leske por incumplimiento de fechas.
Dic. 1846: lee La filosofía de la miseria de Proudhon, y responde con su Miseria de la Filosofía, que publica en Bruselas en jul. 1847.
Sept. 1847: se le impide hablar en el Congreso Internacional de Economistas; a partir de sus notas publica “Los proteccionistas, los librecambistas y la clase obrera” (Atelier Démocratique, Bruselas) y el Discours sur la question du libre échange.
Dic. 1847: clases de EP en la Asociación de Trabajadores Alemanes de Bruselas, luego (febr. 1848) preparadas como “Salarios”. Plan de charlas quincenales libres sobre “temas sociales” (M, E y Schapper).
1848: la revolución interrumpe sus trabajos de EP.
Abr. 1849: aparece (incompleto) en 5 números de la Nueva Gaceta Renana (Colonia, de la que es director) Trabajo asalariado y capital [publ. en 1880 como panfleto en Breslau, sin conocimiento de M, y en 1884 con prefacio de E]. Lo interrumpe por su viaje por Alemania (movimiento obrero de Colonia, trabajo educativo de la Asociación de Trabajadores de Colonia).

3) Londres d. ag. 1849 h. los Grundrisse
Nov. 1849-sept. 1850: charlas de EP y sobre el Manifiesto comunista en la German Workers Educational Association (GWEA). Cursos intensivos para activistas de la Liga Comunista, en su casa de Soho.
Marzo 1850: nº 1 de la NRZ-Revue (proyectada continuación de la Nueva Gaceta Renana de Colonia)
Jun.: obtiene el carnet de la Biblioteca del Museo Británico. Se concentra en el estudio de la EP por el “fin de la situación revolucionaria” y la vuelta a la prosperidad económica y la reacción política.
Sept.: cierra una etapa: escisión de la Liga de los Comunistas, fin de la NRZ-Revue y dimisión de la GWEA.
1851 (h. golpe de estado de L. N. Bonaparte): escribe 14 cuadernos de EP. Planea terminar la EP en “5 semanas” y busca ya editor. Cotta rechaza la idea. Löwenthal (Frankfurt) le propone publicar algo diferente y pronto (lo que apoya E). M lo rechaza. Lassalle propone crear una compañía por acciones en Alemania para financiar la obra.
Mzo. 1852: 18 Brumario.
Ag. 1852: comienzan sus colaboraciones en el New York Daily Tribune; pregunta a Weydemeyer por un editor en EE. UU.
Abr. 1853: abandona de facto la EP, y en sept. (Guerra de Crimea) parece que no piensa ya en retomarlos.
1854-57: colaboraciones en el NYDT y la Neue Oder Zeitung (Breslau, vía Lassalle)
Nov. 1854-en. 1855: folleto “Dinero, crédito, crisis” (con referencias a Tooke, Thornton, Mill, Fullarton, etc.), que luego usa en los Grundrisse y El capital.
1856-1857: atención a la nueva crisis económica (crisis financiera, Crédit Mobilier, crisis europea…)

4) Los Grundrisse, la Contribución y “El capital indiferenciado”
1857-58: Redacción del manuscrito de los Grundrisse, con 2 secciones: a) la principal (764 pp.) contiene 2 partes: “Introducción” (Einleitung, 31 pp.) y 7 cuadernos (I a VII) agrupados en 2 caps.: “Dinero” y “Capital”. b) El resto es un suplemento con 6 documentos [vid. los “Apéndices” de OME, nº 22, ed. Sacristán (pp. 285-509; vid. A-I, punto 7)]. Estos manuscritos, publicados por 1ª vez en 1939-41 en Moscú (2 vols.), en ed. rarísima en Occidente (Rosdolsky la trabaja en 1948), y luego en Alemania (1953), son una “obra esencial” para entender a M, en la que “el lector no advertido será conducido por M mismo, con su propia mano de pedagogo, a sus descubrimientos centrales, fundamentales, con sus propias palabras, conceptos, categorías, y en el orden que él mismo fue descubriendo en su ‘laboratorio’ teórico” (Dussel, 1985, p. 11: A-III, 1º).
Mayo-jun. 1858: interrumpe los Grundrisse.
Ag. 1858: redacción del primer libro de la Contribución a la crítica de la economía política (CCEP, publ. en jun. 1859 en Berlín: 1000 ejs.), como 1ª parte de un trabajo más amplio sobre “el capital” (CCEP I). Son 2 caps. (“Mercancías” y “Dinero”), dejándose el “Capital” para un volumen posterior (CCEP II). “Conspiración de silencio” de la prensa alemana; M teme que sea “excesivamente teórico para el público de la clase obrera”. En sept. 1859 planea publicar el resto en inglés y hacerlo más “popular hasta cierto punto”.
Otoño 1859: clases privadas sobre el libro a un grupo de 20 ó 30 trabajadores, incl. antiguos miembros de la Liga de los Comunistas.
1860: el asunto Vogt interrumpe lo que entonces era su EP [= CCEP II, sobre “capital en general” = final del libro I de los 6 proyectados entonces].
Ag. 1861-jul. 1863: retoma la EP con el mismo título de 1859 (CCEP): 23 cuadernos manuscritos. Comienza a preocuparse por el editor (Brockhaus, que no se compromete hasta ver el manuscrito).
Dic. 1861: quiere hacerlo más popular, sin que el “método” se note tanto.
1862: progresa mucho ese año y comienza las Teorías sobre la plusvalía (TP), parte histórico-crítica de la obra. A ff. año abandona el plan de CCEP y concibe El capital como trabajo independiente (no como continuación de CCEP I).
En. 1863: termina la redacción del cuerpo de las TP. Planea las partes I y III (libros I y III) de El capital.
1863 (1ª mitad): cuando cree estar terminando, vuelve a empezar (ag.) para hacerlo más “popular”.
1863 (mediados): comienza el manuscrito “Resultados del proceso inmediato de producción”: publicado en el siglo XX como Capítulo sexto, inédito, de El capital.
1864: continúa trabajando en El capital.
Mayo-jun. 1865: Debate con Weston en el Consejo General de la Internacional (sobre luchas sindicales y salarios). Publica más tarde su posición en el folleto Salario, precio y ganancia.
Oct.: rechaza tajantemente la oferta de Bismarck (vía Lothar Bucher) de escribir artículos mensuales de EP para la Preussische Staats-Anzeiger.
1865 (ff.): acaba el manuscrito de donde saldrán los 3 primeros libros de El capital.

5) Volumen I de El capital: 1866-67
Febr. 1866: comienza el borrador final del vol. I
Nov.: envía las primeras páginas al editor (Meissner).
En. 1867: redacta el capítulo sobre “La ley general de la acumulación capitalista”.
Abril: Kugelmann lo convence para que escriba una versión más didáctica de la “forma de valor”, lo que hace para la 2ª ed. Al recibir las galeradas, escribe un suplemento con una exposición más popular de la “forma de valor”, que envía en julio junto al prólogo.
Ag.: Corrección de las galeradas definitivas.
14 sept. 1867: publicación (1000 ejs.), y aparición inmediata de reseñas en Zukunft, el Stuttgart Beobachter y el Bee-Hive. [La 1ª trad. española aparecerá en el periódico La República en 1886-87, a partir de la ed. francesa de 1872-73].

6) Después de 1867
E comienza a escribir recensiones y hacer publicidad. “Conspiración de silencio” a su pesar. Dühring publica un comentario a pp. 1868, que a M le parece “decente” pero lleno de errores.
Sept.: En el Congreso de la Internacional (Bruselas), Lessner explica la cuestión de la maquinaria. E cree necesario un resumen breve para trabajadores, y M le propone escribirlo.
Jun. 1871: comienza a recibir libros y artículos en ruso de Danielson; estudia las formas de tenencia de la tierra en Rusia, fisiología, agroquímica...
1877: manuscrito final del cap. primero del libro II.
1878: informado por Kovalevsky del debate en la prensa rusa sobre El capital.
1879: escribe que ciertos problemas teóricos retrasan la continuación del El capital

7) … Y más allá de El capital
Todavía es útil el repertorio “completo” de las obras de M que dejara Maximilien Rubel en dos de sus libros: (1956): Bibliographie des oeuvres de Karl Marx. Avec un appendice un repertoire des oeuvres de Friedrich Engels, Paris: Librairie Marcel Rivière; y (1960): Supplement à la bibliographie des oeuvres de Karl Marx, Paris: Librairie Marcel Rivière. Más actualizada (y útil para todo lo relativo a la obra y vida de Marx) es la excelente y completísima Enciclopedia de Draper, Hal (1985/86) (y Center for Socialist History): The Marx-Engels Cyclopedia, New York: Schocken (3 vols.; I: The Marx-Engels Chronicle. A Day-by-Day Chronology of Marx and Engels’ Life and Activity, 1985; II: The Marx-Engels Register. A Complete Bibliography of Marx and Engels’ Individual Writings, 1985; III: The Marx-Engels Glossary. Glossary to the Chronicle and Register, and Index to the Glossary, 1986. Para Draper, “la fuente principal de información incluida en esta Cyclopedia es la producción científica del Instituto de Marxismo-Leninismo (IML) de Moscú, junto a las instituciones precedentes y colaboradoras de éste. El más importante precedente es el Instituto original Marx-Engels-Lenin fundado por D. Riazánov; su colaborador actual principal es el IML de Alemania del Este. Estos institutos, con sus editoriales filiales y asociadas, han llevado a cabo un trabajo prodigioso durante años. Al mismo tiempo, como todo el trabajo de investigación en el mundo de los Estados comunistas colectivistas-burocráticos, este trabajo se ha hecho bajo restricciones políticas bien conocidas que no tienen por qué preocuparnos salvo para explicar que la producción del IML tiene que ser sometida a un control constante. Además, el material extraído de las fuentes del IML debe compararse y completarse con información disponible a partir de otras fuentes, en la medida de lo posible.”

Las fuentes principales de Draper, como del IML y de los estudiosos contemporáneos, son las siguientes ediciones de la obra de M y E:

1. Las Marx-Engels Werke (MEW), publicadas en Alemania del Este (en alemán), que eran la única edición completa de la obra de M y E (o casi completa) hasta hace muy poco. Para Draper, “sus notas y apéndices son una mina de información”.

2. La ed. inglesa de las llamadas “Obras Completas de Marx y Engels” (Collected Works, MECW), organizadas en tres grupos: (1) obras filosóficas, históricas, políticas, económicas y de otro tipo, en orden cronológico; (2) El capital junto a versiones preliminares y trabajos directamente relacionados con él, en particular los Grundrisse; (3) cartas de M y E. Draper señalaba que “anda por un poco más de la cuarta parte de sus 50 vols. previstos, que quizás se acaben también en el próximo siglo” y, en efecto, hoy está recién completa esta obra o, mejor, el proyecto editorial resultante de la colaboración entre las editoriales Progreso (Moscú), Lawrence and Wishart (Londres) e Internacional Publishers (N. York). Porque, como Wikipedia se encarga de aclarar, no es realmente una colección completa: es posible obtener en Internet (vid. http://www.marxists.org/archive/marx/works/cw/index.htm) obras no incluidas en las MECW, como por ejemplo los “Manuscritos matemáticos” de M.

3. La llamada MEGA –nombre habitual de la antigua y original Marx-Engels Gesamtausgabe (1927-35)– todavía es útil para algunas cosas; aunque sólo cubría hasta 1848 e incluso para dicho periodo ha sido ampliamente superada.

4. La nueva MEGA, o “MEGA2” –en realidad es un proyecto independiente y no una continuación de la vieja MEGA¸ pero el IML le dio el antiguo nombre de Gesamtaussgabe– comenzó en 1975 y ahora sabemos que Draper acertó al escribir en 1985 que “puede que no se completen hasta después de 2001”. Esta obra tuvo que interrumpirse tras la caída del muro de Berlín, y su 3ª época, la actual, está todavía lejos de acabarse. Continúan apareciendo sin cesar nuevas obras, artículos, cartas, etc., de las que no se tenía noticia previamente. Uno de los editores contemporáneos de la aún “inacabada obra de Marx”, Marcello Musto, escribe [en (2006): “Karl Marx: la indiscreta fascinación de lo inacabado”, Cuadernos Nuevo Sur Sudaca, n° 21-22] que la nueva MEGA tuvo que ser “reiniciada en 1998 después de la interrupción que siguió al colapso de los países socialistas, la intensa fase de organización de las directivas editoriales (Richard Sperel, Edition auf hohem Nibeau. Zu den Grundsätzen der Marx-Engels-Gesamtausgabe (MEGA), pp. 215, E 12, 90, Argument, Hamburg 2004) y el cambio de su dirección hacia la Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften. De los 114 volúmenes previstos, de los cuales cada uno consta de dos tomos, con el texto y su aparato crítico, acaba de aparecer, recientemente, la entrega del volumen nº 50, el décimo de la reiniciada empresa.” (Vid. http://pom.bbaw.de/mega/start.html).

5. Pero hoy en día tenemos en Internet el MIA (Marxists Internet Archive o, también, “Marxists.org”: http://www.marxists.org/; vid. también, en español, http://www.marxismo.org/), obra de una labor internacional de voluntariado comenzada en 1990, en la que trabajan 62 voluntarios activos de 33 países, y se expresa hoy en unos 50 idiomas, algunos de los cuales son muy completos. De la “sección china” afirma Wikipedia que “tiene las obras completas de Marx, Engels y Lenin”; y se ha extendido a otros 600 autores. Según MIA, hoy se descargan por esta vía unos 20 millones de archivos al mes.

6. Dos buenas colecciones de obras de M son la de S. Padover (Nueva York, 1971-7), y la de la editorial Penguin. La primera son 7 vols. centrados en los aspectos histórico-políticos: On Revolution (1971), On America and the Civil War (1972), On the First International (1973), On Freedom of the Press and Censorship (1974), On Religion (1974), On Education, Women and Children (1975) y On History and People (1977). La 2ª consta de 8 vols. (Harmondsworth, 1973-1981): los Primeros escritos, editados por L. Colletti en 1974; 3 volúmenes más editados por D. Fernbach sobre temas políticos (1973-79); más los Grundrisse (ed. M. Nicolaus, 1973) y los 3 libros de El Capital, editados por E. Mandel (1976-81: A-III/3º). La introducción de Mandel está traducida al español como libro independiente (vid. Mandel, 1976-81). En D. McLellan (2000): Karl Marx: Selected Writings (Oxford: Oxford University Press, 2nd ed.)  puede verse una lista de 20 selecciones más de “Obras escogidas” de M (sin o con E), y otra con 30 recopilaciones temáticas.

7. En español, destaca la labor editorial de Manuel Sacristán que, en 1975 proyectó “OME” (Obras de M y E), una edición crítica (en Grijalbo) de la obra completa de M y E en 68 vols., del que sólo aparecieron 12, entre ellos las traducciones que él mismo hizo de los libros I y II de El capital y del Anti-Duhring.



sábado, 11 de abril de 2015

Sobre la movilización en Tocopilla hace algunos años: Impresiones desde una perspectiva comunista anárquica (x cristobal cornejo)

Las revueltas llamadas ‘ciudadanas’ por la socialdemocracia –siempre deseosa de contener la ira proletaria y encausarla por los márgenes de la institucionalidad del capital- se repiten en diferentes partes de Chile y el mundo.
Ya lo sabemos. Basta echar un vistazo a los medios de comunicación, incluso de los burgueses (casi todos), que no pueden omitir las informaciones cuando el humo de las barricadas amenaza con quemar los pelos de sus narices.
Sin embargo, no soy de lo que ven en cada movilización social un componente proto-revolucionario que fustigue al capital/estado en sus cimientos. No. Aunque tampoco considero una estupidez sin horizonte que los movimientos sociales no tengan un carácter revolucionario. En el caso de Tocopilla, es fruto de décadas de postergación estatal y del centralismo gubernamental, y de los efectos devastadores sobre el entorno y la calidad de vida de los explotados de las empresas que generan la energía para la acumulación capitalista. No obstante, eso es mucho –todos los tocopillanos concuerdan- tras años de letargo y amarga resignación ante los abusos y el olvido, y una efectiva labor de terror ejercida por la dictadura de Pinochet, en una zona de influencia histórica del partido (mal) llamado comunista.
A meses de las elecciones presidenciales, el Gobierno de Piñera no aguantaba otra revuelta tipo Aysén. Por eso el hambre de los grandes medios ante los sucesos, y por eso, la relativa celeridad con que las llamadas ‘autoridades de Gobierno’ se apersonaron en la zona.
- Algo del Contexto
- Barricada
- Organizacion

- Proyecciones

Bajar en: http://hommodolars.org/web/IMG/pdf/tocopilla_x_cris_corn.pdf

domingo, 27 de julio de 2014

Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional (x Guy Debord)

Documento Fundacional (1957)

Traducción de Nelo Vilar publicada en el # 4 de Fuera de Banda: Situacionistas: ni arte, ni política, ni urbanismo, bajo el título "Revolución y contra-revolución en la cultura moderna".


Informe sobre la construcción de situaciones y sobre las condiciones de la organización y la acción de la tendencia situacionista internacional

Documento Fundacional (1957)

Guy Debord

Traducción de Nelo Vilar publicada en el # 4 de Fuera de Banda: Situacionistas: ni arte, ni política, ni urbanismo, bajo el título "Revolución y contra-revolución en la cultura moderna".


Pensamos que hay que cambiar el mundo. Queremos el cambio más liberador posible de la sociedad y de la vida en la que nos hallamos. Sabemos que este cambio es posible mediante las acciones apropiadas.
El tema que nos ocupa es precisamente el uso de ciertos medios de acción y el descubrimiento de nuevos -que se pueden identificar fácilmente en el dominio de la cultura y de las costumbres-, aplicados en la perspectiva de una interacción de todos los cambios revolucionarios.
Lo que llamamos cultura, manifiesta, pero también prefigura en una sociedad dada, las posibilidades de organización de la vida. Nuestra época se caracteriza fundamentalmente por el retraso de la acción política revolucionaria respecto del desarrollo de las posibilidades modernas de producción, que exigen una organización superior del mundo.
Vivimos una crisis esencial de la historia, en la cual cada año se ve más claramente el problema de la dominación racional de las nuevas fuerzas productivas y la formación de una civilización a escala mundial. Sin embargo, la acción del movimiento obrero internacional, de la que depende la caída previa de la infraestructura económica de explotación, no ha conseguido más que pequeños éxitos locales. El capitalismo inventa nuevas formas de lucha -dirigismo del mercado, aumento del sector de la distribución, gobiernos fascistas-; se apoya en la degeneración de las direcciones obreras; maquilla, con la ayuda de diversas tácticas reformistas, las oposiciones de clase. De esta manera ha mantenido las antiguas relaciones sociales en la mayor parte de los países industrializados, para privar a la sociedad socialista de su base material indispensable. En cambio, los países subdesarrollados o colonizados, comprometidos desde hace una decena de años en un combate más sumario contra el imperialismo, han obtenido éxitos importantes. Sus éxitos agravan las contradicciones de la economía capitalista y, principalmente en el caso de la revolución china, favorecen una renovación del conjunto del movimiento revolucionario. Esta renovación no puede limitarse a reformas en los países capitalistas o anticapitalistas; al contrario: provocará conflictos en todas partes, replanteando la cuestión del poder.
El estallido de la cultura moderna es el producto, en el plano de la lucha ideológica, del paroxismo caótico de estos antagonismos. Los nuevos deseos que se definen se encuentran formulados en el aire: los recursos de la época permiten su realización, pero la estructura económica retardadora es incapaz de valorar estos recursos. Al mismo tiempo, la ideología de la clase dominante ha perdido toda coherencia: por la depreciación de sus sucesivas concepciones del mundo, lo que la inclina al indeterminismo histórico; por la coexistencia de pensamientos reaccionarios escalonados cronológicamente y en principio enemigos, como el cristianismo y la social-democracia; por la mezcla de las aportaciones de varias civilizaciones extranjeras en el Occidente contemporáneo, de las que se reconocen pocos valores. El objetivo principal de la ideología de la clase dominante es, pues, la confusión.
En la cultura -al emplear la palabra cultura dejamos de lado constantemente los aspectos científicos o pedagógicos de la cultura, incluso si la confusión se hace sentir a nivel de las grandes teorías científicas o de los conceptos generales de la enseñanza; designamos un complejo de la estética, de los sentimientos y de las costumbres: la reacción de una época sobre la vida cotidiana-, los procedimientos contra-revolucionarios que causan la confusión son, paralelamente, la anexión parcial de los nuevos valores y una producción deliberadamente anti-cultural apoyada en los medios de la gran industria (novela, cine), consecuencia natural del embrutecimiento de la juventud en las escuelas y en la familia. La ideología dominante organiza la banalización de los hallazgos subversivos y las difunde ampliamente una vez esterilizadas. Incluso consigue servirse de los individuos subversivos: muertos por el falseamiento de su obra y vivos gracias a la confusión ideológica general, drogados con una de las místicas con las que comercia.
Una de las contradicciones de la burguesía en la fase de liquidación es, pues, el hecho de respetar el principio de la creación intelectual y artística: oponerse a estas creaciones y después hacer uso de ellas. Ha de mantener en la minoría el sentido de la crítica y la investigación, pero bajo la condición de orientar esta actividad hacia disciplinas utilitarias estrictamente fragmentadas, y romper la conjunción de la crítica y la investigación. En el dominio de la cultura, la burguesía se esfuerza en invertir el gusto de lo nuevo, que en nuestra época le resulta peligroso, hacia ciertas formas degradadas de novedad, inofensivas y confusas. Los mecanismos comerciales que dominan la actividad cultural dividen las tendencias de vanguardia en fracciones que pueden controlar, una vez restringidas por el conjunto de las condiciones sociales. La gente que destaca en estas tendencias son admitidas generalmente a título individual, al precio de las negaciones que se imponen. El punto capital del debate es siempre la renuncia a una reivindicación general y la aceptación de un trabajo fragmentario, susceptible de diversas interpretaciones. Lo que da al término "vanguardia" -a fin de cuentas siempre manejada por la burguesía- algo de sospechoso y ridículo.
La propia noción de vanguardia colectiva, con el aspecto militante que implica, es un producto reciente de las condiciones históricas que provocan al mismo tiempo la necesidad de un programa revolucionario coherente en la cultura y la necesidad de luchar contra las fuerzas que impiden el desarrollo de este programa. Estos grupos llevan a su esfera de actividad algunos métodos de organización creados por la política revolucionaria. En adelante su acción no puede concebirse sin relacionarla con una crítica política. A este respecto la progresión es notable entre el futurismo, el dadaísmo, el surrealismo, y los movimientos formados después de 1945. Descubrimos en cada uno de estos estadios la misma voluntad universalista de cambio y la misma dispersión rápida cuando la incapacidad de cambiar con suficiente profundidad el mundo real provoca un repliegue defensivo sobre las mismas posiciones doctrinales que se acaban de mostrar insuficientes.
La influencia del futurismo se propagó a partir de Italia en el período que precedió a la primera guerra mundial. Adoptó una actitud de subversión de la literatura y de las artes que no dejaba de aportar un gran número de novedades formales, pero que sólo se basaba en una aplicación esquemática de la noción de progreso maquinista. La puerilidad del optimismo técnico futurista desapareció con el período de euforia burguesa que lo había motivado. El futurismo italiano se hundió, del nacionalismo al fascismo, sin desarrollar una visión teórica más completa de su tiempo.
El dadaísmo, constituido por refugiados y desertores de la primera guerra mundial en Zurich y Nueva York, quería ser el rechazo de todos los valores de la sociedad burguesa, cuyo fracaso se acababa de mostrar en el estallido de la guerra. Sus violentas manifestaciones en la Alemania y la Francia de posguerra se refieren principalmente a la destrucción del arte y de la escritura, y en menor medida, a ciertas formas de comportamiento (espectáculos, discursos, paseos deliberadamente imbéciles). Su función histórica es haber dado un golpe mortal a la concepción tradicional de la cultura. La disolución casi inmediata del dadaísmo era necesaria por su definición totalmente negativa. Pero el espíritu dadaísta ha determinado una parte de todos los movimientos que le han sucedido. Un aspecto de negación, históricamente dadaísta, se va a encontrar en toda posición constructiva posterior, hasta el momento en que sean barridas por la fuerza las condiciones sociales que imponen la reedición de superestructuras corrompidas cuyo proceso intelectual está agotado.
Los creadores del surrealismo, que habían participado en Francia en el movimiento dadá, se esforzaron en definir el terreno de una acción constructiva a partir de la revuelta moral y del desgaste extremo de los medios tradicionales de comunicación que había revelado el dadaísmo. El surrealismo, que parte de una aplicación poética de la psicología freudiana, extendió los métodos que había descubierto a la pintura, al cine, y a algunos aspectos de la vida cotidiana. Después, de una forma difusa, mucho más allá. Para una empresa de esta naturaleza no se trataba de tener absoluta o relativamente la razón, sino de catalizar, durante un cierto tiempo, los deseos de una época. El período de progreso del surrealismo, marcado por la liquidación del idealismo y por un momento de religación con el materialismo dialéctico, se detuvo poco después de 1930, pero su decadencia no fue manifiesta hasta el fin de la segunda guerra mundial. El surrealismo se había extendido a un número bastante grande de naciones. Había inaugurado una disciplina en la que no se puede subestimar el rigor, temperado a menudo por consideraciones comerciales pero que era una eficaz medida de lucha contra los mecanismos de confusión de la burguesía.
El programa surrealista -afirmando la soberanía del deseo y de la sorpresa, proponiendo un nuevo uso de la vida-, es mucho más rico en posibilidades constructivas de lo que se piensa generalmente. Es cierto que la falta de medios materiales de realización limitó gravemente el alcance del surrealismo, pero el remate espiritista de los primeros cabecillas, y sobre todo la mediocridad de los epígonos, nos obligan a buscar la negación del desarrollo de la teoría surrealista en su origen.
El error que está en la base del surrealismo es la idea de la riqueza infinita de la imaginación inconsciente. La causa del fracaso ideológico del surrealismo es haber apostado que el inconsciente era la gran fuerza, finalmente descubierta, de la vida. Haber revisado la historia de las ideas en consecuencia y haberse detenido ahí. Ahora sabemos que la imaginación inconsciente es pobre, que la escritura automática es monótona, y que todo un género de "insólito" que muestra de lejos la inmutable marcha surrealista es extremadamente poco sorprendente. La fidelidad formal a este estilo de imaginación conduce a las antípodas de las condiciones modernas del imaginario: al ocultismo tradicional. Hasta qué punto se ha quedado el surrealismo en la dependencia de su hipótesis del inconsciente, se mide en el trabajo de profundización teórico intentado por la segunda generación surrealista: Calas y Mabille lo relacionan todo con dos aspectos constantes de la práctica surrealista del inconsciente -para el primero el psicoanálisis, las influencias cósmicas para el segundo. El descubrimiento de la función del inconsciente fue una sorpresa, una novedad, pero no la ley de las sorpresas y de las novedades futuras. Freud descubrió esto mismo cuando escribió: "Todo lo que es consciente se usa. Lo que es inconsciente permanece inalterable. Pero una vez libre, ¿no deja en ruinas su atalaya?".
El surrealismo, oponiéndose a una sociedad aparentemente irracional en la que la ruptura entre la realidad y unos valores aún fuertemente proclamados era llevada hasta el absurdo, se servía de la irracionalidad para destruir los valores lógicos exteriores. Para muchos, el éxito del surrealismo se encuentra en el hecho de que la ideología de esta sociedad, en su vertiente más moderna, ha renunciado a una estricta jerarquización de los valores fácticos, pero por su parte se sirve abiertamente de lo irracional y así de los restos del surrealismo. Sobre todo la burguesía ha de impedir un nuevo comienzo del pensamiento revolucionario. Ha sido consciente del carácter amenazante del surrealismo y ahora que lo ha podido disolver en el comercio estético se complace en constatar que el surrealismo había alcanzado el punto extremo del desorden. La burguesía cultiva así una especie de nostalgia, al mismo tiempo que desacredita toda investigación novedosa remitiéndola automáticamente al "ya visto" surrealista, es decir, a un fracaso que, para ella, no puede ser cuestionado por nadie. El rechazo de la alienación en la sociedad de moral cristiana ha conducido a algunos hombres a respetar la alienación plenamente irracional de las sociedades primitivas, y eso es todo. Hay que ir más lejos y en primer lugar racionalizar el mundo, como primera condición para incorporar la pasión.
La descomposición, estadio supremo del pensamiento burgués
La pretendida cultura moderna tiene sus dos centros principales en París y Moscú. Las modas salidas de París, en cuya elaboración los franceses no son mayoritarios, influyen a Europa, América y los restantes países desarrollados de la zona capitalista, como el Japón. Las modas impuestas administrativamente por Moscú influyen en la totalidad de los Estados obreros y, en débil medida, actúan sobre París y su zona de influencia europea. La influencia de Moscú es de origen directamente político. Para explicarse la influencia tradicional, aún mantenida, de París, hay que darse cuenta del avance adquirido en la concentración profesional.
El pensamiento burgués perdido en la confusión sistemática, el pensamiento marxista profundamente alterado en los estados obreros; el conservadurismo reina a Este y Oeste, principalmente en el dominio de la cultura y las costumbres. Se anuncia en Moscú, retomando las actitudes típicas de la pequeña burguesía del siglo XIX. Se enmascara en París, en anarquismo, cinismo o humor. Aunque las dos culturas dominantes no son capaces de integrar los problemas reales de nuestro tiempo, se puede decir que la experiencia se ha llevado más lejos en Occidente, y que la zona de Moscú ha permanecido como una región subdesarrollada en este orden de la producción.
En la zona burguesa, donde generalmente ha sido tolerada una apariencia de libertad intelectual, el conocimiento del movimiento de las ideas o la visión confusa de las múltiples transformaciones del medio favorecen la toma de conciencia de un cambio en curso, cuya fuerza es incontrolable. La sensibilidad dominante intenta adaptarse, impidiendo nuevos cambios que, en última instancia, le son forzosamente perjudiciales. Mientras tanto las soluciones propuestas por las corrientes retrógradas se dirigen necesariamente a tres actitudes: la prolongación de los modos aportados por la crisis dadá-surrealismo (que no es más que la expresión cultural elaborada de un estado de espíritu que se manifiesta espontáneamente en todas partes cuando caen, después de las formas de vida del pasado, las razones de vivir admitidas hasta este momento); la instalación en las ruinas mentales; y, finalmente, el retorno hacia atrás.
En lo referido a las modas persistentes, una forma diluida de surrealismo se encuentra en todas partes. Tiene todos los sabores de la época surrealista y ninguna de sus ideas. La repetición es su estética. Los restos del movimiento surrealista ortodoxo, en este estado senil-ocultista, son tan incapaces de tener una posición ideológica como de inventar cualquier cosa: garantizan los charlatanes, cada vez más vulgares, y piden otros.
La instalación en la nulidad es la solución cultural que se mostró con más fuerza los años que siguieron a la segunda guerra mundial. Permite la elección entre dos posibilidades que han sido ilustradas abundantemente: la disimulación de la nada mediante un vocabulario apropiado o su afirmación desenvuelta.
La primera opción es célebre sobre todo desde la literatura existencialista, que reproduce, bajo el envoltorio de una supuesta filosofía, los aspectos más mediocres de la evolución cultural de los treinta años precedentes; sosteniendo su interés de origen publicitario mediante falsificaciones del marxismo o del psicoanálisis, o incluso con compromisos o dimisiones políticas reiteradas, a ciegas. Estos procedimientos han tenido un gran número de seguidores, evidentes o disimulados. El permanente hormigueo de la pintura abstracta y de los teóricos que la definen es un hecho de la misma naturaleza, de unas dimensiones comparables.
La afirmación gozosa de una perfecta nulidad mental constituye el fenómeno que se denomina, en la neo-literatura reciente, "el cinismo de los jóvenes novelistas de derechas". Se extiende más allá de la gente de derechas, de los novelistas o de su semi-juventud.
Entre las tendencias que reclaman un retorno al pasado, la doctrina realista-socialista se muestra la más atrevida, porque pretendiendo apoyarse en las conclusiones de un movimiento revolucionario, puede sostener en el dominio de la creación cultural una posición indefendible. En la conferencia de los músicos soviéticos, en 1948, Andreï Jdanov mostraba la apuesta de su represión teórica: "¿Hemos hecho bien manteniendo los tesoros de la pintura clásica y destruyendo a los liquidadores de la pintura? ¿La supervivencia de tales "escuelas" no habría significado la liquidación de la pintura?". En presencia de esta liquidación de la pintura, y de muchas otras liquidaciones, la burguesía occidental desarrollada, al constatar la caída de todos los sistemas de valores, apuesta por la descomposición ideológica completa, como reacción desesperada y por oportunismo político. Contrariamente, Andreï Jdanov -con el gusto característico del advenedizo- se reconoce en el pequeño burgués que está contra la descomposición de los valores culturales del siglo pasado; y no ve otra solución que una restauración autoritaria de estos valores. Es bastante irrealista creer que circunstancias políticas efímeras y localizadas dan el poder de escamotear los problemas generales de una época, simplemente obligando a retomar el estudio de los problemas pasados después de haber excluido por hipótesis todas las conclusiones que la historia ha sacado de estos problemas.
La propaganda tradicional de las organizaciones religiosas, principalmente del catolicismo, está próxima, por la forma y algunos aspectos del contenido, de este realismo-socialista. Mediante una propaganda invariable, el catolicismo defiende una estructura ideológica general que, entre las fuerzas del pasado, es única en poseer aún. Pero para recuperar los sectores cada vez más numerosos que escapan a su influencia, la Iglesia católica persigue, paralelamente a su propaganda tradicional, una retención de las formas culturales modernas, principalmente de aquellas que revelen una nulidad teóricamente complicada -la pintura llamada informal, por ejemplo. En relación a otras tendencias burguesas los reaccionarios católicos tienen esta ventaja: que al estar asegurados por una jerarquía de valores permanentes les es más fácil impulsar alegremente la descomposición hasta el extremo en la disciplina que prefieran.
La consecuencia de la crisis de la cultura moderna es la descomposición ideológica. Sobre estas ruinas no puede construirse nada nuevo, y el simple ejercicio del espíritu crítico deviene imposible. Cada juicio choca contra los otros; cada uno se refiere a restos de sistemas generales desafectados, o a imperativos sentimentales personales.
La descomposición lo ha ganado todo. Sólo tenemos que ver el uso masivo de la publicidad comercial influir cada vez más en los criterios sobre la creación cultural, que era un proceso antiguo. Hemos llegado a un punto de ausencia ideológica en el que sólo funciona la actividad publicitaria, en exclusión de todo juicio crítico anterior, pero no sin entrañar un reflejo condicionado del juicio crítico. El juego complejo de las técnicas de venta crea automáticamente, para sorpresa general de los profesionales, pseudo-sujetos de discusión cultural. Es la importancia sociológica del fenómeno Sagan-Drouet, una experiencia habida en Francia los últimos tres años, cuyo eco ha superado incluso los límites de la zona cultural que tiene su eje en París, y provocado el interés de los Estados obreros. Los jueces profesionales de la cultura, en presencia del fenómeno Sagan-Drouet, sienten el resultado imprevisible de mecanismos que se les escapan, y lo explican generalmente con los procedimientos de reclamo del circo. Pero a causa de su oficio se encuentran forzados a oponerse, por fantasmas críticos, a la causa de estos fantasmas de obras (una obra cuyo interés sea inexplicable constituye el tema más rico para la crítica confusionista burguesa). No son conscientes de que los mecanismos intelectuales de la crítica se les habían escapado mucho antes de que los mecanismos exteriores explotaran este vacío. No quieren reconocer en Sagan-Drouet el revés ridículo del cambio del medio de expresión en medio de acción sobre la vida cotidiana. Este proceso de superación ha hecho la vida del autor cada vez más importante en lo relativo a su obra. Cuando el período de las expresiones importantes ha llegado a la última reducción, sólo puede ser importante el personaje del autor, que lo único que puede tener de notable es la edad, un vicio de moda, un viejo oficio pintoresco.
La oposición que hay que unir contra la descomposición ideológica no puede limitarse a criticar las bufonadas que se producen en las formas condenadas, como la poesía o la novela. Hay que criticar las actividades importantes para el futuro, aquellas de las que nos hemos de servir. Un signo muy grave de la descomposición ideológica actual es ver la teoría funcionalista de la arquitectura fundarse sobre las concepciones más reaccionarias de la sociedad y la moral. A las aportaciones parciales del primer Bauhaus o de la escuela de Le Corbusier se añade en contrapartida una noción excesivamente atrasada de la vida y de su marco.
Sin embargo todo indica, desde 1956, que entramos en una nueva fase de la lucha, y que un empujón de las fuerzas revolucionarias incidiendo en todos los frentes con los más desesperados obstáculos, comienza a cambiar las condiciones del período precedente. Al mismo tiempo se aprecia cómo el realismo-socialista comienza a retroceder en los países del campo anti-capitalista con la reacción estalinista que la había producido. La cultura Sagan-Drouet marca un estadio no sobrepasable de la decadencia burguesa y una relativa toma de conciencia, en Occidente, del agotamiento de los recursos culturales en vigor desde el fin de la segunda guerra mundial. La minoría vanguardista puede encontrar un valor positivo.
Función de las tendencias minoritarias en el período de reflujo
El reflujo del movimiento revolucionario mundial se manifiesta algunos años después de 1920 y va acentuándose hasta cerca de 1950. Está seguido, con una distancia de cinco o seis años, por un reflujo de los movimientos que han intentado afirmar novedades liberadoras en la cultura y la vida cotidiana. La importancia ideológica y material de estos movimientos disminuye sin parar hasta un punto de aislamiento total en la sociedad. Su acción, que en condiciones más favorables puede suponer una renovación brusca del medio sensible, se debilita hasta el punto de que las tendencias conservadoras llegan a impedirle toda penetración directa en el juego tramposo de la cultura oficial. Estos movimientos, eliminados de su función en la producción de los nuevos valores, constituyen un ejército de reserva del trabajo intelectual, del que la burguesía puede extraer individuos que añadirán matices inéditos a su propaganda.
En este punto de disolución, la importancia de la vanguardia experimental en la sociedad es aparentemente inferior a la de las tendencias pseudo-modernistas que no se molestan en mostrar una voluntad de cambio, pero que representan, con grandes medios, la cara moderna de la cultura admitida. Sin embargo todos aquellos que tienen un lugar en la producción real de la cultura moderna, y los que descubren sus intereses en tanto que productores de esta cultura, por el hecho de ser reducidos a una posición negativa, desarrollan una consciencia de la que carecen los comediantes modernistas de la sociedad decadente. La pobreza de la cultura admitida y su monopolio sobre los medios de producción cultural producen una indigencia proporcional de la teoría y de las manifestaciones de la vanguardia. Pero es únicamente en esta vanguardia donde se constituye insensiblemente una nueva concepción revolucionaria de la cultura. Esta nueva concepción se ha de afirmar en el momento en que la cultura dominante y los esbozos de cultura opositora llegan al punto extremo de su separación e impotencia recíproca.
La historia de la cultura moderna en el período de reflujo revolucionario es, pues, la historia de la reducción teórica y práctica del movimiento de renovación, hasta la segregación de las tendencias minoritarias y la dominación sin precedentes de la descomposición.
Entre 1930 y la segunda guerra mundial se asiste al declinar continuo del surrealismo como fuerza revolucionaria, al mismo tiempo que a la extensión de su influencia más allá de su control. La posguerra supuso la liquidación rápida del surrealismo por parte de dos elementos que truncaron su desarrollo hacia el 1930: la falta de posibilidades de renovación teórica y el reflujo de la revolución, que se traducían mediante la reacción política y cultural al movimiento obrero. Este segundo elemento es inmediatamente determinante, por ejemplo, en la desaparición del grupo surrealista de Rumania. En cambio, es el primero de estos elementos el que condena a un estallido rápido al movimiento surrealista-revolucionario en Francia y en Bélgica. Exceptuando el grupo belga, en el que una fracción venida del surrealismo se mantiene en una posición experimental válida, todas las tendencias surrealistas extendidas por el mundo han optado por el campo del idealismo místico.
Reuniendo una parte del movimiento surrealista-revolucionario se constituyó una "Internacional de los Artistas Experimentales" -que publicaba la revista "Cobra", Copenhague-Bruselas-Amsterdam. Fue constituída entre 1949 y 1951 en Dinamarca, Holanda y Bélgica, y después extendida a Alemania. El mérito de estos grupos fue comprender que una organización tal es una necesidad por la complejidad y las dimensiones de los problemas actuales. Pero la falta de rigor ideológico, el aspecto principalmente plástico de sus investigaciones y sobre todo, la ausencia de una teoría general de las condiciones y de las perspectivas de su experiencia, ocasionaron su dispersión.
El letrismo, en Francia, era parte de una oposición completa a todo el movimiento estético conocido, del que analizaba la deterioración constante. Al proponerse la creación ininterrumpida de nuevas formas en todos los dominios, el grupo letrista, entre 1946 y 1952, mantuvo una agitación saludable. Pero al admitir que las disciplinas estéticas habían de tener un nuevo inicio en un marco general similar al anterior, este error idealista limita sus producciones a algunas experiencias irrisorias. En 1952, la izquierda letrista se organiza en la "Internacional Letrista", y expulsa a la fracción conservadora. En la Internacional Letrista se perseguía, mediante vivas luchas de tendencias, la investigación de nuevos procedimientos de intervención en la vida cotidiana.
En Italia, con la excepción del grupo experimental anti-funcionalista que forma en 1955 la mayor sección del Movimiento Internacional para un Bauhaus Imaginista, las tentativas de formación de vanguardias ligadas a las viejas perspectivas artísticas no llegarán a una expresión teórica.
Sin embargo, de los Estados Unidos al Japón dominaba el continuismo de la cultura occidental, con todo lo que tiene de anodino y vulgar (la vanguardia de los Estados Unidos, que acostumbra a unirse con la colonia americana de París, se encuentra aislada desde el punto de vista ideológico, social e incluso ecológico, en el mayor conformismo). La producción de los pueblos que aún están sometidos a un colonialismo cultural -causado a menudo por la opresión política- a pesar de que pueden parecer progresistas en su país, tienen un carácter reaccionario en los centros culturales avanzados. Los críticos que ligan toda su carrera a referencias pasadas con los antiguos sistemas de creación, buscan encontrar novedades según su ánimo en el cine griego o la novela guatemalteca. Recurren a un exotismo que resulta ser anti-exótico porque se trata de la reaparición de viejas formas explotadas con retraso en otras naciones, pero que tienen la función principal del exotismo: la huida fuera de las condiciones reales de la vida y de la creación.
En los Estados obreros sólo la experiencia iniciada por Brecht en Berlín está próxima, por su cuestionamiento de la noción clásica de espectáculo, de las construcciones que nos importan hoy. Sólo Brecht ha conseguido resistirse a la necedad del realismo socialista en el poder.
Ahora que el realismo socialista se desmembra se puede esperar todo de la irrupción revolucionaria de los intelectuales de los Estados obreros en los verdaderos problemas de la cultura moderna. Si el jdanovismo ha sido la expresión más pura, no únicamente de la degeneración cultural del movimiento obrero, sino también de la posición cultural conservadora en el mundo burgués, aquellos que en este momento, en el Este, se levantan contra el jdanovismo no podrán hacerlo, cualquiera que sean sus intenciones subjetivas, en favor de una mayor libertad creativa (que sería únicamente, por ejemplo, la de Cocteau). El sentido objetivo de una negación del jdanovismo tenemos que verlo en la negación de la negación jdanovista de la "liquidación". La única superación posible del jdanovismo será el ejercicio de una libertad real, que es el conocimiento de la necesidad presente.
Al mismo tiempo, los años que acaban de pasar no han sido más que un período de resistencia confusa en el reino confuso de la necedad retrógrada. Nosotros no estamos confusos. Pero no debemos detenernos en los gustos o los pequeños hallazgos de este período. Los problemas de la creación cultural no pueden ser resueltos más que en relación a un nuevo avance de la revolución mundial.
Plataforma de una oposición provisional
Una acción revolucionaria en la cultura no habría de tener como objetivo traducir o explicar la vida, sino prolongarla. Tenemos que hacer retraerse la adversidad. La revolución no se encuentra exclusivamente en la cuestión de saber a qué nivel de producción llega la industria pesada, y quién será el líder. Con la explotación del hombre deben morir las pasiones, las compensaciones y los hábitos que eran sus productos. Hay que definir nuevos deseos en relación con las posibilidades de hoy. En lo más fuerte de la lucha entre la sociedad actual y las fuerzas que quieren destruirla, es hora de encontrar los primeros elementos de una construcción superior del medio, y las nuevas condiciones de comportamiento. A título de experiencia, como de propaganda. El resto pertenece y sirve al pasado.
Tenemos que emprender un trabajo colectivo organizado, tendiente a un uso unitario de todos los medios de agitación de la vida cotidiana. Es decir, que tenemos que reconocer la interdependencia de estos medios, en la perspectiva de una mayor dominación de la naturaleza, de una mayor libertad. Tenemos que construir nuevos ambientes que sean a la vez el producto y el instrumento de nuevos comportamientos. Para hacer esto tendremos que emplear empíricamente, al principio, los actos cotidianos y las formas culturales que existen en la actualidad, contestándole todo valor propio. El propio criterio de novedad, de investigación formal, ha perdido su sentido en el marco tradicional del arte, es decir, de un medio fragmentario insuficiente cuyas renovaciones parciales nacen ya caducas -luego son imposibles.
No debemos rechazar la cultura moderna sino apropiárnosla para negarla. No puede haber un intelectual revolucionario si no reconoce la revolución cultural ante la que nos hallamos. Un intelectual creador no puede ser revolucionario sosteniendo simplemente la política de un partido; tendrá que serlo mediante procedimientos originales, pero trabajando junto a los partidos por el cambio de todas las superestructuras culturales. Del mismo modo lo que determina en última instancia la cualidad de intelectual burgués no es el origen social ni el conocimiento de una cultura -punto de partida común de la crítica y de la creación-, sino una función en la producción de las formas históricamente burguesas de la cultura. Cuando la crítica literaria burguesa felicite a los autores de opiniones políticas revolucionarias, éstos tendrán que preguntarse qué errores han cometido.
La unión de distintas tendencias experimentales para un frente revolucionario en la cultura, comenzada en el congreso celebrado en Alba, Italia, a finales de 1956, supone que no descuidamos tres factores importantes.
En primer lugar hay que exigir un acuerdo completo entre las personas y los grupos que participan en esta acción conjunta, pero no facilitarlo permitiendo que se disimulen ciertas consecuencias. Se ha de mantener a distancia a los esnobs y a los arribistas que tienen la inconsciencia de querer llegar por esta vía.
A continuación hay que recordar que si toda actitud realmente experimental es utilizable, el uso abusivo de esta palabra a menudo intenta justificar una acción artística en una estructura actual, es decir, encontrada antes por otros. La única vía experimental válida se basa en la crítica de las condiciones existentes, y en su superación deliberada. Tenemos que significar de una vez por todas que no se ha de llamar creación a lo que no es más que expresión personal en el marco de medios creados por otros. La creación no es la conciliación de los objetos y las formas, sino la invención de nuevas leyes sobre estas relaciones.
Finalmente, hay que liquidar entre nosotros el sectarismo, que se opone a la unidad de acción con aliados posibles para fines definidos; que impide la vertebración de organizaciones paralelas. La Internacional Letrista, entre 1952 y 1955, tras algunas depuraciones necesarias, se orientó hacia una suerte de rigor absoluto que conduce a un aislamiento y a una ineficacia igualmente absolutos, y favorece a la larga un cierto inmovilismo, una degeneración del espíritu de crítica y de descubrimiento. Se ha de superar definitivamente esta conducta sectaria en favor de acciones reales. Sólo sobre este criterio habremos de encontrar o abandonar camaradas. Naturalmente esto no quiere decir que hayamos de renunciar a las rupturas, como nos invita todo el mundo. Pensemos, en cambio, que hay que ir más lejos aún en la ruptura con los hábitos y las personas.
Tenemos que definir colectivamente nuestro programa y realizarlo de manera disciplinada, por todos los medios, incluso artísticos.
Hacia una internacional situacionista
Nuestra idea central es la construcción de situaciones, es decir, la construcción concreta de ambientes momentáneos de la vida y su transformación en una calidad pasional superior. Tenemos que poner a punto una intervención ordenada sobre los factores complejos de dos grandes componentes en perpetua interacción: el marco material de la vida; los comportamientos que entraña y que lo desordenan.
Nuestras perspectivas de acción sobre este marco tienden, en su último desarrollo, a la concepción de un urbanismo unitario. El urbanismo unitario se define en primer lugar por el uso del conjunto de las artes y las técnicas como medios que concurren en una composición integral del medio. Hay que afrontar este conjunto como infinitamente más extenso que el antiguo imperio de la arquitectura sobre las artes tradicionales, o que la actual aplicación ocasional al urbanismo anárquico de técnicas especializadas o de investigaciones científicas como la ecología. El urbanismo unitario tendrá que dominar, por ejemplo, tanto el medio sonoro como la distribución de las diferentes variedades de bebidas o de alimentos. Tendrá que abarcar la creación de formas nuevas y la inversión de las formas conocidas de la arquitectura y el urbanismo -igualmente la subversión de la poesía o del cine anterior. El arte integral, del cual se ha hablado tanto, no puede realizarse más que a nivel del urbanismo. Pero no puede corresponder a ninguna de las definiciones tradicionales de la estética. En cada una de sus ciudades experimentales, el urbanismo unitario actuará mediante un cierto número de campos de fuerzas que momentáneamente podríamos designar con el término clásico de barrios. Cada barrio podrá tender a una armonía precisa, en ruptura con las vecinas; o bien podrá jugar sobre un máximo de ruptura de armonía interna.
En segundo lugar, el urbanismo unitario es dinámico, es decir, está en relación estrecha con los estilos de comportamiento. El elemento más reducido del urbanismo unitario no es la casa, sino el complejo arquitectónico, que es la reunión de todos los factores que condicionan un ambiente o una serie de ambientes enfrentados, a la escala de la situación construida. El desarrollo espacial ha de tener en cuenta las realidades sensibles que la ciudad experimental va a determinar. Uno de nuestros camaradas ha avanzado una teoría de los barrios estados-de alma, según la cual cada barrio de una ciudad habrá de intentar provocar un sentimiento simple, al cual el sujeto se expondrá con conocimiento de causa. Parece que un proyecto así saca oportunas conclusiones de un movimiento de depreciación de los sentimientos primarios accidentales, y que su realización podría contribuir a acelerar este movimiento. Los camaradas que reclaman una nueva arquitectura, una arquitectura libre, han de comprender que esta nueva arquitectura no funcionará con líneas y formas libres, poéticas -en el sentido de aquellos que reclaman una pintura de "abstracción lírica"- sino sobre todos los efectos de atmósfera de las piezas, de los colores, de las calles, atmósfera ligada a los gestos que contiene. La arquitectura ha de avanzar tomando como materia situaciones excitantes, más que fórmulas conmovedoras. Las experiencias tenidas a partir de esta materia conducirán a formas desconocidas. La investigación psicogeográfica, "estudio de las leyes exactas y de los efectos precisos del medio geográfico, conscientemente dispuestas o no, actúan directamente sobre el comportamiento afectivo de los individuos", toma su doble sentido de observación activa de las aglomeraciones urbanas de hoy, y del establecimiento de hipótesis sobre la estructura de una ciudad situacionista. El progreso de la psicogeografía depende en gran medida de la extensión estadística de sus métodos de observación, pero principalmente de la experimentación mediante intervenciones concretas en el urbanismo. Hasta este estadio no se puede estar seguro de la verdad objetiva de los primeros datos psicogeográficos. Cuando estos datos sean falsos, serán seguramente las falsas soluciones a un verdadero problema.
Nuestra acción sobre el comportamiento, en relación con los demás aspectos deseables de una revolución en las costumbres, puede definirse someramente por la invención de juegos de una esencia nueva. El objetivo general tiene que ser la ampliación de la parte no mediocre de la vida, de disminuir, en tanto sea posible, los momentos nulos. Se puede hablar como de una empresa de ampliación cuantitativa de la vida humana, más seria que los procedimientos biológicos estudiados actualmente. Por esto implica un aumento cualitativo de desarrollo imprevisible. El juego situacionista se distingue de la concepción clásica de juego por la negación radical del carácter lúdico de competición y de separación de la vida corriente. El juego situacionista no es distinto de una elección moral, que es la toma de partido para el que asegura el reino futuro de la libertad y del juego. Esto está ligado a la certeza del aumento continuo y rápido del tiempo libre al nivel de fuerza productiva al que se encamina nuestro tiempo. También está ligado al reconocimiento del hecho de que se ofrece ante nuestros ojos una batalla de tiempo libre, cuya importancia en la lucha de clases no ha sido suficientemente analizada. En este momento, la clase dominante ha conseguido servirse del tiempo libre que le ha arrebatado el proletariado revolucionario, desarrollando un vasto sector industrial del ocio que es un incomparable instrumento de embrutecimiento del proletariado mediante los subproductos de la ideología mistificadora y de los gustos de la burguesía. Probablemente haya que buscar en esta abundancia de basura televisiva una de las razones de la incapacidad de la clase obrera americana para politizarse. Al obtener mediante la presión colectiva una ligera elevación del precio de su trabajo por encima del mínimo necesario en la producción de éste, el proletariado no amplia únicamente su poder de lucha sino también el terreno de la lucha. Se producen nuevas formas de lucha paralelamente a los conflictos directamente económicos y políticos. Se puede decir que hasta ahora la propaganda revolucionaria ha estado dominada por aquellas formas de lucha en todos los países en los que el desarrollo industrial avanzado las ha introducido. Que el cambio necesario de la infraestructura pueda ser retrasado por los errores y las debilidades a nivel de las superestructuras, es lo que han demostrado lamentablemente algunas experiencias del siglo veinte. Hay que arrojar nuevas fuerzas en la batalla del ocio, y nosotros tendremos nuestro lugar.
Un ensayo primitivo de un nuevo modo de comportamiento se obtuvo con lo que llamamos la deriva, que es la práctica de una confusión pasional por el cambio rápido de ambientes, al mismo tiempo que un medio de estudio de la psicogeografía y de la psicología situacionista. Pero la aplicación de esta voluntad de creación lúdica se ha de extender a todas las formas conocidas de relaciones humanas, e influenciar, por ejemplo, la evolución histórica de sentimientos como la amistad y el amor. Todo lleva a creer que alrededor de la hipótesis de la construcción de situaciones se halla lo esencial de nuestra investigación.
La vida de un hombre es un cúmulo de situaciones fortuitas, y si ninguna de ellas es similar a otra, al menos estas situaciones son, en la inmensa mayoría, tan indiferenciadas y sin brillo que dan perfectamente la impresión de similitud. El corolario de este estado de cosas es que las escasas situaciones destacables conocidas en una vida, retienen y limitan rigurosamente esta vida. Tenemos que intentar construir situaciones, es decir, ambientes colectivos, un conjunto de impresiones que determinan la calidad de un momento. Si tomamos el ejemplo simple de una reunión de un grupo de individuos durante un tiempo dado, habrá que estudiar, teniendo en cuenta los conocimientos y los medios materiales de que disponemos, la organización del lugar, la elección de los participantes y la provocación de los acontecimientos que conviene al ambiente deseado. Es cierto que la potencia de una situación se ampliará considerablemente en el tiempo y el espacio con las realizaciones del urbanismo unitario o la educación de una generación situacionista. La construcción de situaciones comienza tras la destrucción moderna de la noción de espectáculo. Es fácil ver hasta qué punto el principio mismo del espectáculo está ligado a la alienación del viejo mundo: la no-intervención. En cambio vemos cómo las investigaciones revolucionarias más válidas en la cultura han intentado romper la identificación psicológica del espectador con el héroe para arrastrarlo a la actividad, provocando sus capacidades de subvertir su propia vida. La situación está hecha para ser vivida por sus constructores. La función del "público", si no pasivo apenas figurante, ha de disminuir siempre, mientras aumentará la parte de aquellos que no pueden ser llamados actores sino, en un sentido nuevo de este término, vividores.
Se han de multiplicar, digamos, los objetos y los sujetos poéticos, desgraciadamente tan raros actualmente que los menores toman una importancia afectiva exagerada; y organizar los juegos de estos sujetos poéticos entre aquellos objetos poéticos. Este es nuestro programa, esencialmente transitorio. Nuestras situaciones no tendrán avenir, serán lugares de paso. El carácter inmutable del arte o de cualquier otra cosa no entra en nuestras consideraciones, que son firmes. La idea de eternidad es la más tosca que un hombre pueda concebir a propósito de sus actos.
Las técnicas situacionistas aún están por inventar. Pero sabemos que una tarea no se presenta más que allá donde existen las condiciones materiales necesarias para su realización, o al menos están en vías de formación. Tenemos que comenzar por una fase experimental reducida. Sin duda hay que preparar planes de situaciones, como escenas, aunque al principio resulten insuficientes. Se tendrá que hacer progresar un sistema de notaciones, cuya precisión aumentará a medida que nos vayan enseñando las experiencias de construcción. Tendremos que encontrar o verificar leyes, como la que hace depender la emoción situacionista de una extrema concentración o de una extrema dispersión de los gestos (la tragedia clásica daría una imagen aproximada del primer caso, y la deriva del segundo). Además de los medios directos que sean usados para fines precisos, la construcción de situaciones requerirá, en su fase de afirmación, una nueva aplicación de las técnicas de reproducción. Se puede concebir, por ejemplo, la televisión proyectando en directo algunos aspectos de una situación dentro de otra, incitando modificaciones e interferencias. Pero más simplemente el cine llamado de actualidades podría comenzar a merecer su nombre formando una nueva escuela de documentales, encaminada a registrar para los archivos situacionistas los instantes más significativos de una situación, antes de que la evolución de sus elementos haya motivado una situación diferente. La construcción sistemática de situaciones debe producir sentimientos inexistentes hasta la fecha; el cine encontrará su gran función pedagógica en la difusión de estas nuevas pasiones.
La teoría situacionista sostiene firmemente una concepción no-continua de la vida. La noción de unidad tiene que ser desplazada desde la perspectiva de toda una vida -que es una mistificación reaccionaria basada en la creencia en una alma inmortal y, en última instancia, en la división del trabajo- a la de instantes aislados, y la construcción de cada instante mediante un uso unitario de los medios situacionistas. En una sociedad sin clases no habrá más pintores, sino situacionistas que, entre otras actividades, pintarán.
El principal drama afectivo de la vida, después del eterno conflicto entre el deseo y la realidad hostil al deseo, parece ser la sensación del paso del tiempo. La actitud situacionista consiste en pujar sobre el flujo del tiempo, contrariamente a los procedimientos estéticos que tienden a fijar la emoción. El desafío situacionista al paso de las emociones y del tiempo sería la apuesta de ganar siempre sobre el cambio, yendo siempre más lejos en el juego y la multiplicación de los períodos excitantes. En este momento no es fácil hacer una apuesta así. Sin embargo, aún arriesgándonos mil veces a perderla, no tenemos la elección de otra actitud progresista.
La minoría situacionista se constituyó como tendencia dentro de la izquierda letrista, después en la Internacional letrista que ha acabado controlando. El mismo movimiento objetivo lleva a conclusiones de este orden a muchos grupos vanguardistas del período reciente. Tenemos que eliminar conjuntamente a todos los supervivientes del pasado. Hoy estimamos que un acuerdo para una acción única de la vanguardia revolucionaria en la cultura se ha de operar sobre un programa así. No tenemos recetas ni resultados definitivos. Proponemos únicamente una investigación experimental conducida colectivamente en algunas direcciones que definimos en este momento y en otros que han de ser todavía determinados. La misma dificultad de llegar a las primeras realizaciones situacionistas es una prueba de la novedad del dominio en el que estamos penetrando. Lo que cambie nuestra manera de ver las calles es más importante que lo que cambie nuestra manera de ver la pintura. Nuestras hipótesis de trabajo serán reexaminadas en cada desorden futuro, venga de donde venga.
Se nos dirá, principalmente por parte de los intelectuales y los artistas revolucionarios que para cuestiones de gusto se acomodan en una cierta impotencia, que este "situacionismo" es muy desagradable, que no hemos hecho nada bello, que es mejor hablar de Gide y que nadie ve razones para interesarse por nosotros. Se esconderán reprochándonos el retomar algunas actitudes que no han hecho otra cosa que demasiado escándalo, y que expresan el simple deseo de hacerse notar. Se indignarán de los procedimientos que hemos creído que debíamos adoptar en algunas ocasiones para guardar o retomar nuestras distancias. Nosotros respondemos: no se trata de saber si esto os interesa, sino si seguiréis interesando en las nuevas condiciones de la creación cultural. Vuestra función, intelectuales y artistas revolucionarios, no es proclamar que la libertad es insultada cuando nosotros rechazamos marchar con los enemigos de la libertad. No tenéis que imitar a los estetas burgueses, que intentan llevarlo todo a lo ya hecho, porque aquello no les incomoda. Sabéis que una creación no es nunca pura. Vuestra función es examinar lo que hace la vanguardia internacional, participar en la crítica constructiva de su programa y llamar a su sostenimiento.
Nuestras tareas inmediatas
Debemos sostener, junto a los partidos obreros o las tendencias extremistas que existan en los partidos, la necesidad de afrontar una acción ideológica consecuente para combatir, sobre el plano pasional, la influencia de los métodos de propaganda del capitalismo evolucionado. Oponer concretamente, en toda ocasión, a los reflejos del modo de vida capitalista, otros modos de vida deseables; destruir, por todos los medios hiper-políticos, la idea burguesa de la felicidad. Al mismo tiempo, teniendo en cuenta la existencia en la clase dominante de las sociedades de elementos que siempre han concurrido, por aburrimiento o por necesidad de novedad, a aquello que entraña finalmente la desaparición de estas sociedades, debemos incitar a las personas que tienen algunos de los vastos recursos que necesitamos para que nos proporcionen los medios de realizar nuestras experiencias, por un crédito análogo al que puede ser comprometido en la investigación científica, o cualquier cosa rentable.
Debemos presentar en todas partes una alternativa revolucionaria a la cultura dominante; coordinar todas las investigaciones que se hacen en este momento sin perspectiva de conjunto; conducir, mediante la crítica y la propaganda, a los artistas e intelectuales más avanzados de todos los países a tomar contacto con nosotros en vista de una acción común.
Debemos declararnos dispuestos a retomar la discusión, sobre la base de este programa, con todos aquellos que habiendo tomado parte en una fase anterior de nuestra acción se encuentren todavía capaces de reincorporarse.
Debemos llevar adelante los pilares del urbanismo unitario, del comportamiento experimental, de la propaganda hiper-política, de la construcción de ambientes. Ya se han interpretado bastante las pasiones: se trata de encontrar otras nuevas.
Guy Debord. Traducción cedida por Nelo Vilar publicada en el # 4 de Fuera de Banda: Situacionistas: ni arte, ni política, ni urbanismo, bajo el título "Revolución y contra-revolución en la cultura moderna".