Hacer una lectura actual de la historia de ese otro movimiento obrero, anticapitalista y asambleario, que inventó formas de resistencia que huían de la lógica de la representación. Por una parte se trata de un ejercicio de recuperación: hay que tener en cuenta que las acciones de ese otro movimiento obrero han sido totalmente ignoradas por la historia oficial de la transición postfranquista que suele presentarse como un proceso de transición política modélico y que ha utilizado la paz social, esto es la derrota obrera, como argumento irrebatible. Y es tan solo esa historia oficial deformada la que ha llegado a las generaciones más jóvenes. No obstante lo anterior, no pretendemos tan solo el rescate de una memoria secuestrada y nos interesa aún menos la actividad nostálgica que concibe las luchas autónomas de esa época como un modelo a imitar; más bien las consideramos como fuente de inspiración adaptada a los desafíos y exigencias del presente. En suma, no es tanto poner en marcha una operación de recuperación de la memoria histórica sino propiciar una intervención política sobre la memoria, esto es, indagar en el pasado para repensar el presente, investigando cómo se puede conectar lo que entonces ocurrió con nuestra realidad y de ahí la apertura que liga aquellas luchas con algunos fenómenos actuales de carácter antagonista.
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lunes, 21 de julio de 2014
domingo, 12 de junio de 2011
El concepto de "Proletariado" (x Mamotreto del MIL-GAC)
(sacado desde: La revolución hasta el fin, originalmente titulado “Marxismo años
CAPITULO 4: EL CONCEPTO DE “PROLETARIADO”.
“Al concepto abstracto del proletariado corresponde el concepto abstracto del socialismo como nacionalización y planificación, cuyo contenido concreto resulta ser finalmente la dictadura totalitaria de los representantes de la abstracción del partido burocrático”
Paul CARDAN. “La Experiencia Revolucionaria”. Socialisme ou Barbarie, 1952.
Explotadores y explotados.
El hecho que divide a la sociedad en dos grandes clases antagónicas –burguesía y proletariado- es el de la explotación; éste es el criterio que nos va a permitir distinguir los bandos en pugna, el reaccionarismo de la burguesía y la misión histórica del proletariado. Pero esta explotación es al mismo tiempo económica, social y a nivel de pensamiento, como ya vimos: el criterio de delimitación que corresponde a cada uno de estos niveles es respectivamente el de salario, el de trabajo manual y el de alienación. Ello da pie a una interpretación minimalista y una interpretación maximalista del concepto de proletariado, un sentido restrictivo y un sentido amplio respectivamente.
La interpretación minimalista tiene un tono tradicional o arcaísta:
- Sólo los trabajadores manuales, obreros o campesinos: o sea, excluyendo los técnicos, los trabajadores no manuales, tanto si son oficinistas, capataces, cronometradores, etc, como si son de profesionales liberales, intelectuales, artistas, maestros, etc.
- De entre los trabajadores manuales sólo los explotados por otro: o sea, excluyendo a los artesanos, a los campesinos con parcela propia, a los obreros con taller propio tanto si utilizan el trabajo de terceras personas (de las que son explotadores) como si no;
- De entre los explotados, sólo la población no exterior al proceso de producción: o sea, excluyendo al ama de casa obrera, los obreros en paro, los delincuentes y marginados, los estudiantes por lo menos a partir de los 14 años aunque sean de familia obrera, los universitarios, etc.
La interpretación maximalista tiene, por contraste un tono nuevo o modernista: englobando indistintamente a técnicos, oficinistas, capataces, cronometradores, profesionales liberales, intelectuales, artistas, maestros, etc. en tanto que asalariados en sentido amplio (aunque algunos venden trabajo o el producto mismo bajo fórmulas jurídicas distintas del “salario”, aunque algunos reciban añadido a su salario una parte de plusvalía); también a quien trabaja por cuenta propia como artesano, con parcela o taller propio, etc. en tanto que explotado por el sistema (aunque tenga trabajando junto a él a terceros); también a todo el pueblo en general, si se exceptúa a la minoría en el poder, está en cierta manera alienada por el sistema, por la sociedad de consumo de masas, la publicidad, la televisión, etc. (en este sentido, un amplio sector de la pequeña y media burguesía, aunque ni participe directamente del proceso de producción o participe a título de explotadores es, en este sentido, explotada y forma parte de todo un pueblo explotado-alienado).
Hay que buscar el punto medio adecuado entre ambas posiciones, la primera excesivamente cerrada (el obrerismo exagerado y sus desmesurados elogios del trabajo alienador, de la condición de explotado, de la mano callosa del trabajador, etc. al que suele tenderse más por folklore y pintoresquismo que por razones de peso); la segunda tan abierta que da pie a toda clase de [ilegible] y oportunismos (un ejemplo es Serge Mallet que llega a decir que [ilegible] de las empresas punta no sólo son más progresistas -¿por qué?- sino que constituyen la nueva “clase obrera”, el sector de la clase que ha escapado a las redes del consumismo en que ha caído el proletariado tradicional, el nuevo sujeto de la revolución). Entre la posición maximalista y la posición minimalista quedan toda una serie de sectores y capas intermedias, que objetivamente se alienan con el proletariado o la burguesía y que el Fascismo, “la democracia orgánica”, la CNS, etc. ha constituido en 3ª clase social para suavizar los contrastes y antagonismos y disimular vanamente la existencia de una lucha de clases y de una misión histórica del proletariado.
El oportunismo en torno a las clases medias.
La fijación de quien es proletariado no es, como pretende la burguesía un estudio sociologista o de un nivel de ingresos: es la delimitación de quien es el sujeto de la revolución. Para los oportunistas, la delimitación acerca de las clases medias –un conglomerado heterogéneo que la burguesía pretende consolidar bajo la forma de tercera clase que niegue la evidente existencia de dos grandes clases antagónicas- es mejor esquivarla dejándolo todo en una penumbra en la que todos los gatos son pardos (sea bajo el nombre de “reconciliación nacional”, de “alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura”, de “frente popular anti-imperialista”, etc.).
Así, los oportunistas se complacen en organizar una “asociación democrática de cuadros y técnicos”, una asociación democrática de periodistas, de médicos, una organización estudiantil que consolide a su alrededor un movimiento específicamente universitario, una organización para maestros si viene al caso, otra para amas de casa, e incluso una organización de sacerdotes democráticos y una “asociación democrática de pequeños empresarios”; sin contar con la movilización de artistas e intelectuales. Todos estos movimientos son retrógrados y reaccionarios en tanto que organiza la pequeña burguesía como si fuera una clase, en dirección opuesta a la marcha de la historia y de la lucha de clases revolucionaria.
Salvo cuando existen factores de explotación (asociación de empresarios), de alienación (asociación de curas) o de mistificación en general (mistificación cultural por parte de los intelectuales, otros tipos de mistificación), en todos los de más casos no se niega la posibilidad de que individuos de extracción y de actividad no específicamente proletaria puedan ser revolucionarios subjetivamente (si su sinceridad queda probada) y objetivamente (si la práctica lo confirma): algunos estudiantes pueden alienarse teórica y prácticamente con la clase obrera pero tienen que empezar por negar que los estudiantes, tomados como conjunto, sean todos revolucionarios, como finge creer el movimiento estudiantil; lo mismo puede decirse con respecto a técnicos, maestros, etc. en donde pueden darse minorías de individuos honestamente revolucionarios aunque, en tanto que conjunto estructurado sean todo lo contrario. En casos en que se da explotación, alienación o mistificación, como ya se ha dicho, no basta con que haya unos individuos honestos marginados subjetivamente de la inmensa mayoría para poder alinearse con la clase revolucionaria: han de abandonar objetivamente su condición de sacerdotes, “intelectuales sagrados”, empresarios, etc.
Las capas medias son un conjunto heterogéneo, destinado a escindirse a título prácticamente individual en dos direcciones, ya que forman parte de una sociedad presidida por el antagonismo fundamental entre dos grandes clases sociales, explotadores y explotados. Así pues, la burguesía consolida teóricamente a las capas intermedias de tercera clase, que los oportunistas realizan en la práctica esta consolidación, y que una y otra cosa son contra-revolucionarias: políticamente, el Fascismo y todas las formas de corporativismo se han basado siempre en la movilización de las capas medias y de su irracionalismo, propio de una clase en [ilegible], en proceso de proletarización progresiva a medida que se ensancha el foso que separa a explotadores y explotados.
Proletariado y teoría revolucionaria.
De hecho en determinados periodos (debido al bajo nivel de la lucha d clases) y en determinados aspectos (debido al carácter mistificador de la sociedad de consumo) la frontera entre explotadores y explotados se presenta a menudo borroso y sin la evidencia con la que aparece cuando la lucha de clases crece y se agudiza (por ejemplo, en los “tiempos heroicos” del pasado; por ejemplo, en la revolución de Mayo en Francia, anticipo de las huelgas salvajes que se avecinan al Neocapitalismo), significa que, por encima de tales contingencias, el criterio estricto de delimitación entre burguesía y proletariado se efectúa siguiendo los altibajos de la lucha de clases porque es un criterio, en definitiva, de política revolucionaria.
En relación con toda esta cuestión suele plantearse un falso problema: si la teoría revolucionaria ha sido elaborada desde dentro o desde fuera de la clase obrera en lucha; es inadmisible una teoría revolucionaria exterior a la práctica revolucionaria. Un planteamiento superficial de este falso problema da entonces alternativas igualmente falsas: Marx no era un obrero pero vivía pobremente, Engels era un pequeño empresario al que el sistema explotaba, Lenin era un intelectual, un obrero de la cultura, etc, etc. En nombre del sentido de “clase” más estricto se está apadrinando en realidad el criterio más elástico y flexible, dando pie a la hora de la verdad a los planteamientos interclasistas propios de la pequeña burguesía: ya que la clase obrera es el protagonista único de la historia y ya que Marx y Engels elaboraron la teoría revolucionaria del movimiento obrero de su tiempo hay que deducir según ellos que eran obreros y protagonistas de la Historia, aunque en este intento pueda perderse el sentido real de proletariado.
El leninismo ha sido la más funesta confirmación de esta confusión entre intelectuales de la clase (Partido) y la clase obrera real: los intelectuales de la clase han abandonado su función intelectual al servicio de la clase para sustituir a la clase en su acción política y usurparle así los frutos de su acción revolucionaria; ya no es la clase obrera la protagonista de la Historia sino el Partido, una masa exterior a la clase pero que se pretende interior a la misma… En este sentido, todos conocemos los ritos de “proletarización” que se han llevado a cabo en el seno de los grupúsculos izquierdistas que pretendían prolongar el malentendido de los bolcheviques rusos.
Todos estos falsos problemas y falsas soluciones revelan un profundo subjetivismo-individualismo (en el caso del leninismo y las “proletarizaciones”) así como un mecanicismo ingenuo extremadamente funesto (¿qué quiere decir “desde dentro” y “desde fuera” cuando se está hablando de teoría revolucionaria?). No hay ni puede haber teoría revolucionaria desde fuera de la clase revolucionaria porque no hay ni puede HABER acción revolucionaria desde fuera de la misma: proceda del individuo que proceda, esta teorización de la acción revolucionaria verificable en nuevas acciones, esta teoría pertenece a la clase obrera y a su acción. Es lógico que muchas veces estos intelectuales que sirven de instrumento a la clase revolucionaria para dar forma teórica a su praxis cotidiana sean de procedencia exterior a la clase, individuos que no han participado personalmente en las luchas concretas. Pero la teoría revolucionaria no es el individuo que da forma a las experiencias de la lucha de clases, la teoría está en relación dialéctica directa con la acción y ésta con la teoría: esta relación es praxis.
Esto equivale a decir que sin lucha de clases revolucionaria que existió en tiempos de Marx, la aportación teórica de éste habría sido imposible; en cambio si Marx no hubiera existido la clase obrera en lucha hubiera hallado a otros individuos que, mejor o peor, hubieran formulado la experiencia de la lucha de clases revolucionaria de aquel tiempo. Y, como quien dice Marx y la clase obrera de su tiempo dice también cualquier individuo exterior a la clase que haya hecho aportaciones a la formulación teórica lo más precisa posible de la lucha de clases que agita sus tiempos se comprende que –contra los ritos pequeño-burgueses- de la “proletarización-leninista”- afirmemos:
- la teoría es desde fuera y no-revolucionaria cuando no está en relación dialéctica directa con la experiencia de la lucha de clases (aunque sea un obrero quien la formule);
- la teoría es desde dentro y revolucionaria cuando está en relación dialéctica directa con la experiencia de la lucha de clases (aunque sea un pequeño-burgués quien la formule).
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jueves, 9 de junio de 2011
Leyendo el “Diccionario del Militante Obrero"
Leyendo el “Diccionario del Militante Obrero” (Ediciones Nuestra Clase, Toulouse, Agosto de 1970), reeditado por el Ateneo Libertario del Besós (Barcelona, 2006) y disponible en el Archivo digital del MIL/GAC.
por el Profesor Jota C.
por el Profesor Jota C.
En Catalunya en 1970, una confluencia de grupos de militantes que adherían a Plataformas de Comisiones Obreras y habían formado unos Círculos de Formación de Cuadros se encargó de redactar y publicar desde Francia -como “Equipo exterior de Nuestra Clase”- un “Diccionario del militante obrero” (1). “Intelectuales” y obreros ligados a los grupos revolucionarios que confluyeron en esta experiencia proveyeron, como “aportación a la cultura proletaria”, 280 entradas o definiciones (más 32 siglas), entre ellas: Anarquismo, Autogestión, Anarquismo, Capitalismo, Tendencia, Método, Consejismo, Huelga Salvaje, Marxismo, Estalinismo, Maoísmo, Esquirol, Desclasado, Situacionista.
Militantes de lo que luego llegó a ser el Movimiento Ibérico de Liberación/Grupos Autónomos de Combate -el grupo español de influencia situacionista más fuerte y directa en los 70- participaron en este proyecto, tanto suministrando definiciones (las más enlazadas a la y tradición consejista y antiestatal) como mediante la impresión en el exterior y posterior distribución clandestina. En cambio el sector “obrero” de este proyecto, con Díaz y Murcia como las figuras más visibles, terminó conformando los Grupos Obreros Autónomos (GOA) y siempre miró con cierta desconfianza al sector “teórico”.
Según Sergi Rosés, en su libro sobre el MIL, “las principales características del Diccionario son su fuerte influencia marxista y, dentro de esta adscripción política, un posicionamiento anti-ortodoxo que deriva muchas veces en eclecticismo, consecuencia tanto de la diversidad de autores que intervinieron en su elaboración como de la falta de concreción teórica de alguno de ellos, que da como resultado una obra donde se encuentran definiciones que encierran enfoques contradictorios” (Rosés Cordovilla, El MIL: una historia política, Barcelona, Alikornio, 2002).
Para entender el contexto en que surge el Diccionario, habría que señalar que se trataba de lo quela Internacional Situacionista llamó el “segundo asalto proletario contra la sociedad de clases” (1968/1977). No es casual, entonces, que la influencia de la IS y del marxismo olvidado (sobre todo el ligado al movimiento de los consejos obreros y el comunismo de izquierda) se hiciera sentir más o menos directamente en todos los lugares durante este proceso revolucionario mundial fue más explosivo.
Para entender el contexto en que surge el Diccionario, habría que señalar que se trataba de lo que
En España, este asalto fue bastante combativo e inició el fin de la dictadura franquista, lectura que como no podía ser de otra forma, la versión democrática y superestructural del “pensamiento” que nos gobierna ni siquiera nos da a conocer. (2)
El movimiento de la “autonomía obrera” en España, que parte en los 60 y llega a sus momentos más interesantes en los 70, es parte del antagonismo al que llegó el movimiento proletario mundial del 68 (que en la península ibérica incluyó además la revolución portuguesa). Con revoluciones de nuevo tipo, huelgas salvajes, asambleas y experiencias de control y contrapoder obrero era como se expresó el ascenso de la lucha de clases, con la nada despreciable fuerza negativa del proletariado juvenil en todas sus expresiones.
Una de las consecuencias del cambio epocal de 1968 fue el retorno de la preocupación de masas por la necesidad de contar con una verdadera teoría crítica radical, desde y para la realidad actual de la lucha de clases. Desde los inicios de esta oleada de antagonismo distintos grupos de proletarios anticapitalistas, a la vez que revolucionaron las fábricas y calles, comenzaron a re-descubrir las corrientes revolucionarias del marxismo y el anarquismo del siglo XX que décadas de hegemonía reformista y/o leninista-estalinista habían sepultado y mantenido en el olvido (consejistas, comunistas de izquierda, etc.), que les conectaron tanto teórica como históricamente con la tradición revolucionaria comunista y proletaria de la que ellos efectivamente eran la continuidad.
Volviendo al diccionario, como ejemplo de las contradicciones a que alude Soler, podemos mencionar que la “Ideología” es definida en sentido neutro, como “sistema de conceptos ordenados que concibe la sociedad organizada de una determinada manera”, y dado que la ideología está “condicionada por una determinada forma de vida”, se señala que “existirá una ideología de la clase obrera, frente a una ideología de la clase burguesa”. Pese a que los grupos tras el Diccionario llegarían a desarrollar importantes avances en la superación del leninismo, en este punto la versión leninista de la teoría de la ideología es la que se conoce y se acepta sin mayores objeciones, al punto que ni siquiera se alude aquí a la versión negativa del concepto . (3)
Pese a este eclecticismo, el Diccionario presenta un interés notable. En palabras del historiador del MIL, Sergi Rosés, “el Diccionario es, de conjunto, una obra muy útil: pensada y creada desde el interior del movimiento obrero, representa la plasmación tangible de un sector de la clase obrera dispuesto a aprender y elevar el nivel de conciencia de sus compañeros; recoge multitud de términos del vocabulario político, económico y sociológico desconocido para la mayoría de los trabajadores, de manera sencilla y accesible; introduce nuevos conceptos políticos cuya existencia misma se desconocía en España, ampliando el nivel de reflexión de los trabajadores; en definitiva, es un útil instrumento tanto de educación política como de difusión de una alternativa autónoma” (Rosés, 2002, p. 64).
El Diccionario fue re-editado en una sencilla versión folleto por el Ateneo libertario del Besós hace un par de años. Además, una versión completa, directamente escaneada del original, se encuentra en el archivo del MIL/GAC (www.mil-gac.info/), donde también se encuentra La revolución hasta el fin, originalmente titulado “Marxismo años70” e informalmente conocido como “el mamotreto”, con que el MIL intentó sistematizar de la forma más acabada posible una teoría comunista antiestatal ligada a la práctica autónoma de los proletarios organizados en Consejos (4). Además, muchos otros documentos y declaraciones de grupos afines (como los Grupos Obreros Autónomos) pueden ser hallados en el Archivo de la Autonomía Obrera que mantiene la Fundación Espai en Blanc (www.autonomiaobrera.net/).
La influencia situacionista y consejista en el grupo que después pasó a llamarse 1000, y luego MIL/GAC, fue bastante directa. En la historia de este grupo parecen confluir dos vertientes más o menos diferenciadas: el Equipo teórico, y el Equipo exterior, centrado en la acción de Oriol Solé, en Toulouse, Francia, y que fortalecido con elementos provenientes de grupos anarquistas como “Vivela Commune ” y “mao-spontex” (5) como la Gauche Proletarienne incursionaría luego en acciones armadas. A la larga, las acciones armadas y la ejecución de Salvador Puig Antich mediante garrote vil han pasado a primer plano y hasta se han hecho películas al respecto, pero lo que diferencia a este grupo de otras experiencias armadas de esa época es que se le dio también muchísima importancia al estudio sistemático del “marxismo olvidado” y la difusión masiva de literatura revolucionaria, mediante proyectos como la Biblioteca Socialista y Ediciones Mayo 37. Además, el MIL/GAC se preocupó de justificar y definir su acción desde conceptos tales como la “contra-represión” y la “agitación armada”. Esta última se diferencia de la “lucha armada o militar”, de raíz burguesa y “putschista”, porque es efectuada por un “grupo de apoyo que sitúa su propia actividad en el seno del conjunto de la lucha de clases del proletariado, que forma parte de dicha lucha de clases”. Así, “la agitación armada se considera a sí misma y constituye efectivamente una de las facetas o aspectos de la lucha de clases del proletariado desde el nivel actual hasta el de la insurrección general”. De esta forma, mientras “para quien tiene una concepción proletaria de la revolución la actividad armada es una actividad de apoyo a la lucha de masas y a su insurrección general. Para las vanguardias militares o políticas, en cambio, la lucha de masas solo es una actividad de apoyo para sus organizaciones” (Sobre la agitación armada, en archivo MIL/GAC).
Desde ambos equipos, teórico y exterior, se trabajó en coordinación con elementos obreros autónomos que integraban Plataformas de CC.OO, y el fruto más claro de esta colaboración fue el Diccionario. Pese a que ese sector terminaría conformando los GOA y no seguiría colaborando con el futuro MIL, según Rosés “parte de las bases de Plataformas sí que continuaron esta relación y finalmente se consiguió una participación real de trabajadores en el proyecto de biblioteca y en su distribución, que harán circular miles de ejemplares de estos folletos, a la vez que el MIL ayudará en la infraestructura y en la impresión de materiales de estos grupos de obreros, como por ejemplo en el caso del Boletín de los obreros de Bultaco o en la donación de diversa maquinaria de impresión” (“Un esbozo de la historial del MIL”, en http://es.geocities.com/hbalance2000/elmil.htm ).
Los miembros del Equipo teórico (Santi Soler e Ignasi Solé) provenían de Acción Comunista, una formación política marxista revolucionaria, más o menos ecléctica (con influencias del trotskismo, Gorz y Luxemburgo, entre otras) pero fuertemente antiestalinista. Con ocasión de una reunión de su organización en Francia, en marzo de 1968, ambos trabaron contacto con Raoul Vaneigem, dela IS , quien les facilitó algunos números de su revista. En uno de ellos la IS se refería a Acción Comunista en términos bastante favorables, pero con algunas críticas importantes. Vaniegem les recomendó visitar la librería “La Vieille Taupe ” (El Viejo Topo), donde trabaron contacto con el núcleo “ultraizquierdista” de Jean Barrot (seudónimo de Gilles Dauvé) y Pierre Guillaume, comunistas de izquierda que trataban de sintetizar los aportes consejistas con los de Bordiga y la izquierda comunista italiana, y que mantuvieron con el MIL un contacto profundo en los años siguientes. Su influencia es muy clara en textos como “El mamotreto”.
La entrada sobrela IS se le atribuye a Santi Soler, que escribió posteriormente a la experiencia del MIL/GAC (y un encarcelamiento de unos cuantos años) el libro “Lucha de clases y clases de lucha”, una serie de artículos muy interesantes publicados originalmente en Ajoblanco y El Viejo Topo (Anagrama, 1978, disponible como e-book en: http://www.cedall.org/Documentacio/Castella/cedall203110200.htm). Probablemente por algún error de tipeo dice “situaccionista” en lugar de “situacionista”:
“SITUACCIONISTA: Corriente revolucionaria organizada con influencias nihilistas y marxistas que no quiere discípulos porque no quiere ser considerada ideología ni un movimiento político, sino una contestación total del viejo mundo. Según ellos, las palabras movimiento político encubren hoy la actividad especializada de los jefes de grupos y partidos políticos, que basa en la pasividad organizada de sus militantes la fuerza opresiva de su poder futuro, mientras que ellos no quieren tener nada en común con el poder jerarquizado, bajo la forma que sea. No se consideran pues ni un movimiento político ni una sociología de la mistificación política sino que se proponen ser el más alto grado de la conciencia revolucionaria internacional y por ello se esfuerzan en aclarar y coordinar los gestos de rechazo y los signos creadores que definen los nuevos contornos el proletariado, su voluntad irreductible de emancipación. Tomando por eje la espontaneidad de las masas, reconocen que tal actividad es indiscutiblemente política, pero contra todos los programas especializados y transitorios de la política, prefiriendo referirse a una revolución permanente de la vida cotidiana (ver AUTOGESTIÓN). Prácticamente ignorados hasta el movimiento estudiantil antisindical de Strasburgo (1966) yla Revolución de Mayo en Francia (1968) (ver HUELGA SALVAJE, CONSEJISMO) donde sus slogans hallaron gran difusión en pintadas y tebeos clandestinos”.
Es de destacar que se haya optado por hablar de “situacionistas” y no de “situacionismo”. El mismo Rosés incurre en una extraña tergiversación en su libro pues todas las veces que se refiere a esta entrada le agrega el “ismo”, e incluso hace alusión al error de tipeo (“ ‘Situaccionismo’ (sic)”, p.63).
También hay referencias ala IS en la entrada sobre “Anarquismo”. El Diccionario ve con buenos ojos a lo que llama “anarquismo espontáneo” y al “comunismo libertario”. Desconfía del anarcosindicalismo y valora críticamente a la FAI. Declara que el anarquismo español “sucumbió al colaborar con el gobierno burgués o Frente Popular”, que los hizo “víctimas del Estado”, y que confirmaron “con sus errores las ideas anarquistas sobre el particular”, pues quedaron atados de pies y manos “cuando la base impulsaba un desarrollo más radical”. Destacan el resurgimiento de una tertulia anarquista aburguesada dedicada a celebrar Congresos Internacionales, y la contrastan con “la buena carga de anarquismo espontáneo” que se aprecia “en buena parte de los movimientos de contestación como el Mayo francés, el movimiento estudiantil europeo y americano, las huelgas salvajes, los situacionistas”.
Otras entradas interesantes que dicen relación con los “conceptos políticos” propios de la tradición autónoma y consejista, que probablemente también escribió Santi Soler, son las siguientes:
“AUTOGESTIÓN: Consigna que expresa que la emancipación de los trabajadores sólo puede ser obra de ellos mismos. Puede hablarse de AUTOGESTIÓN POLÍTICA o autonomía de las masas, de AUTOGESTION ECONÓMICA o control obrero, y de AUTOGESTIÓN DELA VIDA COTIDIANA ya que tampoco el ocio del trabajador es realmente una elección libre, puesto que está influenciado enormemente a base de publicidad, sermones, etc. que le imponen como deber ser toda su vida de cada día. La autogestión económica en los países capitalistas es un tongo, ya que choca contra el poder de la dirección (tanto si la empresa es privada como si es estatal); la autogestión económica en los países socialistas choca contra el poder del estado que limita los poderes de las empresas autogestionadas por los mismos obreros, con su intervención (caso de Yugoslavia, donde tal intervención está ya legalizada e institucionalizada) ó tiene continuos enfrentamientos con el sector autogestionado (caso Argelia, donde las tensiones entre el sector agrícola o industrial autogestionados con el estado son muy fuertes). Sin hacer la revolución no puede haber auténtica autogestión; sin autogestión total no puede haber auténtica revolución (la revolución se queda a medias). Los sindicatos neocapitalistas han puesto también de moda la palabra autogestión (ver GRADUALISMO) pero para referirse a que es posible dentro del capitalismo lograr una serie de conquistas cuyo escalonamiento lleva inevitablemente al socialismo.
“AUTONOMÍA: Independencia en las decisiones. La autonomía del movimiento obrero con respecto a los partidos políticos, al gobierno, o a cualquier otra clase dirigente es indispensable para garantizar la fuerza de la lucha obrera, para evitar que pueda ser frenada mediante un control excesivamente rígido”.
“CONSEJISMO: Sistema revolucionario de organización de la sociedad a base de Consejos Obreros (ver COMUNA, SOVIET). Corrientes revolucionarias que defienden tal perspectiva en su lucha contra el capitalismo: no se limitan a considerar al Estado como un obstáculo para el avance revolucionario, sino a toda estructura jerárquica, tanto los partidos políticos que se pretenden revolucionarios, como los sindicatos que se pretenden arma principal de la lucha de clases. Los continuos pactos entre sindicatos, estado y patronal en el Neocapitalismo, están conduciendo a la lucha de clases a actuar fuera de los sindicatos (ver HUELGA SALVAJE).
“CONTESTACIÓN: Rechazo total del orden establecido. Aplicable tanto a niveles reducidos (contestación dela Universidad , de la política yanki en Vietnam) como a nivel global de toda la sociedad (contestación del capitalismo, de la sociedad de consumo). Es la réplica de la generación nueva contra el viejo mundo, compartida por buena parte de la vieja: esta palabra se puso de moda con la Revolución Francesa de Mayo”.
“TENDENCIA: Es una cierta manera de ver y hacer las cosas. Dentro del movimiento obrero hay y debe haber diversas tendencias que han de poder existir y expresarse libremente como tal. Si en vez de la convivencia de tendencias lo que se busca bajo el slogan de unidad es la uniformidad de pareceres, lo que ocurre es que en el interior del movimiento obrero surge una lucha por el poder de los órganos de dirección que divide al movimiento obrero y que enseña a utilizar el maniobrerismo como gran cualidad de militante; toda la lucha obrera se dirije a la toma del poder del movimiento obrero, y la lucha real se va a la mierda. Si al cabo de un largo período de luchas internas una tendencia logra dominar los aparatos de dirección, lo que ocurre es que las otras se van o se alian para reventar el programa de la que ha ganado, mientras que ésta ataca, con todo el poder en sus manos, a las vencidas en vez de desarrollar su programa. Algo parecido a ello es lo que ha venido ocurriendo hasta hoy en Comisiones Obreras, donde todas las fuerzas que las impulsaron sólo buscaron una plataforma sindical de su grupo. ¿Qué clase de democracia pueden preconizar estos grupos, a no ser la del interior de su grupo sin tendencias?”
El Diccionario también incluye ciertas dosis de humor corrosivo y crítica de ciertos estilos personales de militantismo, en entradas como estas:
“RIDÍCULO: Postura del que se cree imprescindible para le revolución, poseedor –junto con 3 más- de la verdad revolucionaria. Suele ser extremista y radical, pues se dedica a la revolución con el mismo ardor hacía en frecuentes clubs deportivos o nocturnos. Cuando se les pasa la ‘fiebre’ vuelven a su ocupación favorita, la de pacíficos burgueses”.
“VERBALISMO: Tendencia que tienen algunos militantes novatos y otros esnobs (ver ESNOBISMO) de hablar constantemente como si fueran a comerse al mundo, diciendo la palabra “revolución” a cada momento, y teorizándolo todo, sin ninguna relación con la realidad. El verbalismo es la manifestación exterior del ‘infantilismo revolucionario’ de los partidos ultraizquierdistas que criticó Lenin en su libro: ‘El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo’. El verbalismo suele ir en relación proporcionalmente inversa con la acción, es decir cuanto más verbalismo menos acción, y a más acción menos verbalismo. El teorizante verbalista puede brillar enla Universidad , donde entabla discusiones bizantinas e interminables, pero poco tiene como posibilidades entre los trabajadores; de ahí que los partidos ultra-izquierdistas universitarios tengan tan poco éxito fuera de la Universidad ”.
Leer el Diccionario aquí: http://www.hommodolars.org/web/IMG/pdf/dicmilob.pdf
Pese a este eclecticismo, el Diccionario presenta un interés notable. En palabras del historiador del MIL, Sergi Rosés, “el Diccionario es, de conjunto, una obra muy útil: pensada y creada desde el interior del movimiento obrero, representa la plasmación tangible de un sector de la clase obrera dispuesto a aprender y elevar el nivel de conciencia de sus compañeros; recoge multitud de términos del vocabulario político, económico y sociológico desconocido para la mayoría de los trabajadores, de manera sencilla y accesible; introduce nuevos conceptos políticos cuya existencia misma se desconocía en España, ampliando el nivel de reflexión de los trabajadores; en definitiva, es un útil instrumento tanto de educación política como de difusión de una alternativa autónoma” (Rosés, 2002, p. 64).
El Diccionario fue re-editado en una sencilla versión folleto por el Ateneo libertario del Besós hace un par de años. Además, una versión completa, directamente escaneada del original, se encuentra en el archivo del MIL/GAC (www.mil-gac.info/), donde también se encuentra La revolución hasta el fin, originalmente titulado “Marxismo años
La influencia situacionista y consejista en el grupo que después pasó a llamarse 1000, y luego MIL/GAC, fue bastante directa. En la historia de este grupo parecen confluir dos vertientes más o menos diferenciadas: el Equipo teórico, y el Equipo exterior, centrado en la acción de Oriol Solé, en Toulouse, Francia, y que fortalecido con elementos provenientes de grupos anarquistas como “Vive
Desde ambos equipos, teórico y exterior, se trabajó en coordinación con elementos obreros autónomos que integraban Plataformas de CC.OO, y el fruto más claro de esta colaboración fue el Diccionario. Pese a que ese sector terminaría conformando los GOA y no seguiría colaborando con el futuro MIL, según Rosés “parte de las bases de Plataformas sí que continuaron esta relación y finalmente se consiguió una participación real de trabajadores en el proyecto de biblioteca y en su distribución, que harán circular miles de ejemplares de estos folletos, a la vez que el MIL ayudará en la infraestructura y en la impresión de materiales de estos grupos de obreros, como por ejemplo en el caso del Boletín de los obreros de Bultaco o en la donación de diversa maquinaria de impresión” (“Un esbozo de la historial del MIL”, en http://es.geocities.com/hbalance2000/elmil.htm ).
Los miembros del Equipo teórico (Santi Soler e Ignasi Solé) provenían de Acción Comunista, una formación política marxista revolucionaria, más o menos ecléctica (con influencias del trotskismo, Gorz y Luxemburgo, entre otras) pero fuertemente antiestalinista. Con ocasión de una reunión de su organización en Francia, en marzo de 1968, ambos trabaron contacto con Raoul Vaneigem, de
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“SITUACCIONISTA: Corriente revolucionaria organizada con influencias nihilistas y marxistas que no quiere discípulos porque no quiere ser considerada ideología ni un movimiento político, sino una contestación total del viejo mundo. Según ellos, las palabras movimiento político encubren hoy la actividad especializada de los jefes de grupos y partidos políticos, que basa en la pasividad organizada de sus militantes la fuerza opresiva de su poder futuro, mientras que ellos no quieren tener nada en común con el poder jerarquizado, bajo la forma que sea. No se consideran pues ni un movimiento político ni una sociología de la mistificación política sino que se proponen ser el más alto grado de la conciencia revolucionaria internacional y por ello se esfuerzan en aclarar y coordinar los gestos de rechazo y los signos creadores que definen los nuevos contornos el proletariado, su voluntad irreductible de emancipación. Tomando por eje la espontaneidad de las masas, reconocen que tal actividad es indiscutiblemente política, pero contra todos los programas especializados y transitorios de la política, prefiriendo referirse a una revolución permanente de la vida cotidiana (ver AUTOGESTIÓN). Prácticamente ignorados hasta el movimiento estudiantil antisindical de Strasburgo (1966) y
Es de destacar que se haya optado por hablar de “situacionistas” y no de “situacionismo”. El mismo Rosés incurre en una extraña tergiversación en su libro pues todas las veces que se refiere a esta entrada le agrega el “ismo”, e incluso hace alusión al error de tipeo (“ ‘Situaccionismo’ (sic)”, p.63).
También hay referencias a
Otras entradas interesantes que dicen relación con los “conceptos políticos” propios de la tradición autónoma y consejista, que probablemente también escribió Santi Soler, son las siguientes:
“AUTOGESTIÓN: Consigna que expresa que la emancipación de los trabajadores sólo puede ser obra de ellos mismos. Puede hablarse de AUTOGESTIÓN POLÍTICA o autonomía de las masas, de AUTOGESTION ECONÓMICA o control obrero, y de AUTOGESTIÓN DE
“AUTONOMÍA: Independencia en las decisiones. La autonomía del movimiento obrero con respecto a los partidos políticos, al gobierno, o a cualquier otra clase dirigente es indispensable para garantizar la fuerza de la lucha obrera, para evitar que pueda ser frenada mediante un control excesivamente rígido”.
“CONSEJISMO: Sistema revolucionario de organización de la sociedad a base de Consejos Obreros (ver COMUNA, SOVIET). Corrientes revolucionarias que defienden tal perspectiva en su lucha contra el capitalismo: no se limitan a considerar al Estado como un obstáculo para el avance revolucionario, sino a toda estructura jerárquica, tanto los partidos políticos que se pretenden revolucionarios, como los sindicatos que se pretenden arma principal de la lucha de clases. Los continuos pactos entre sindicatos, estado y patronal en el Neocapitalismo, están conduciendo a la lucha de clases a actuar fuera de los sindicatos (ver HUELGA SALVAJE).
“CONTESTACIÓN: Rechazo total del orden establecido. Aplicable tanto a niveles reducidos (contestación de
“TENDENCIA: Es una cierta manera de ver y hacer las cosas. Dentro del movimiento obrero hay y debe haber diversas tendencias que han de poder existir y expresarse libremente como tal. Si en vez de la convivencia de tendencias lo que se busca bajo el slogan de unidad es la uniformidad de pareceres, lo que ocurre es que en el interior del movimiento obrero surge una lucha por el poder de los órganos de dirección que divide al movimiento obrero y que enseña a utilizar el maniobrerismo como gran cualidad de militante; toda la lucha obrera se dirije a la toma del poder del movimiento obrero, y la lucha real se va a la mierda. Si al cabo de un largo período de luchas internas una tendencia logra dominar los aparatos de dirección, lo que ocurre es que las otras se van o se alian para reventar el programa de la que ha ganado, mientras que ésta ataca, con todo el poder en sus manos, a las vencidas en vez de desarrollar su programa. Algo parecido a ello es lo que ha venido ocurriendo hasta hoy en Comisiones Obreras, donde todas las fuerzas que las impulsaron sólo buscaron una plataforma sindical de su grupo. ¿Qué clase de democracia pueden preconizar estos grupos, a no ser la del interior de su grupo sin tendencias?”
El Diccionario también incluye ciertas dosis de humor corrosivo y crítica de ciertos estilos personales de militantismo, en entradas como estas:
“RIDÍCULO: Postura del que se cree imprescindible para le revolución, poseedor –junto con 3 más- de la verdad revolucionaria. Suele ser extremista y radical, pues se dedica a la revolución con el mismo ardor hacía en frecuentes clubs deportivos o nocturnos. Cuando se les pasa la ‘fiebre’ vuelven a su ocupación favorita, la de pacíficos burgueses”.
“VERBALISMO: Tendencia que tienen algunos militantes novatos y otros esnobs (ver ESNOBISMO) de hablar constantemente como si fueran a comerse al mundo, diciendo la palabra “revolución” a cada momento, y teorizándolo todo, sin ninguna relación con la realidad. El verbalismo es la manifestación exterior del ‘infantilismo revolucionario’ de los partidos ultraizquierdistas que criticó Lenin en su libro: ‘El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo’. El verbalismo suele ir en relación proporcionalmente inversa con la acción, es decir cuanto más verbalismo menos acción, y a más acción menos verbalismo. El teorizante verbalista puede brillar en
Leer el Diccionario aquí: http://www.hommodolars.org/web/IMG/pdf/dicmilob.pdf
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Notas:
(1) “Nuestra Clase: Comisiones Obreras” era el periódico de Plataformas-CC.OO., que se presentaba como “el periódico de las CC.OO. de Barcelona, organizadas a partir de la empresa”.
(2) Al igual que en Chile la ideología dominante, lo que los burgueses quieren que creamos todos incluye la versión de que la conquista de las más mínimas concesiones “democráticas” y el paso de la dictadura a la democracia burguesa depende tan sólo de su poder de negociación y llamados a la mesura. Cuando los voceros de la Concertación en Chile dicen que a la dictadura la ganamos con un lápiz, en las urnas y no en la calle, es porque necesitan en verdad que creamos eso, pues lo que deben garantizar es que la violencia de masas al margen y en contra del Estado no se les desbande.
(3) Tampoco resulta menor que en la definición de “Capitalismo” se les cuele de lleno la teoría leninista del imperialismo como última etapa el capitalismo. También hay bastante de Lenin e incluso Mao en los ataques contra el espontaneísmo, el izquierdismo (al que hacen sinónimo de infantilismo) y otros males. El “marxismo”, por su parte, es concebido como “sistema ideológico, económico y político-sociológico”.
(4) http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=25 y http://www.mil-gac.info/spip.php?page=article_es&id_article=147 , respectivamente.
(5) Qué mejor definición de este fenómeno que la que aparece en un reporte sobre la izquierda belga en www.boltxe.info: “Bajo la influencia conjunta de mayo del 68 en Francia y de la Revolución cultural en China, aparecerá una nueva generación maoísta, los "mao spontex", que quiere reconciliar los principios del maoísmo, tal como aparecía en la Revolución cultural (con el cuestionamiento del partido), y una espontaneidad militante (huelgas salvajes, acción directa, etc.). Su carácter antipartido les da una cierta vitalidad (Comités de lucha que se forman espontáneamente allí donde aparecen contradicciones), pero fija también sus límites (no hay disciplina, no hay proyecto a largo plazo, no hay estructura perenne)”.
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