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lunes, 27 de junio de 2011

Acerca de la comprensión comunista/anárquica de las actuales protestas estudiantiles

(X RAP/MASA)




Hemos estado leyendo los panfletos difundidos por Hommodolars en relación a las últimas manifestaciones estudiantiles, así como los comentarios del propio sitio sobre los mismos y las referidas movilizaciones. En este sentido, nos han surgido algunas reflexiones que tienen que ver, sobre todo, con el análisis y comprensión de estas luchas parciales y, en coherencia con ello, la postura y acción de las minorías revolucionarias frente a tales procesos.
Los panfletos (1) por sí mismos contienen una crítica (que obviamente compartimos) a las castraciones ciudadanistas y reformistas del propio proceso de movilizaciones, así como un llamado a la superación de estos límites, a la profundización de los análisis y a la radicalización teórica/práctica en base, principalmente, a la mantención y transformación de los espacios ocupados para ir más allá de las demandas al estado; para la generación de relaciones que rompan con la cotidianidad alienante del capital. También intentan clarificar el rol de la educación en la sociedad capitalista -como transmisora de la ideología dominante y generadora de mano de obra cualificada y funcional a los engranajes del sistema-, en perspectivas de romper con su mistificación como herramienta neutral de progreso social. En tal sentido, concordamos en lo fundamental y creemos necesaria la difusión de este material, la que alentamos. Por lo visto, los/as compas de HD también se identifican con los mencionados panfletos, razón por la que le dan espacio en su web. Sin embargo, pensamos que las notas y comentarios de HD al respecto contienen algunos errores importantes. No es sólo el lenguaje (muy agresivo), sino que pensamos que existe una desconexión ideológica con la clase en sí. No nos parece correcto (en un sentido teórico, no solamente discursivo) denominar como “estupidez” la lucha parcial -o incluso artificial- de un sector social específico (en este caso, el estudiantado). Si bien, no creemos ser los únicos en sentir un instintivo desprecio hacia el mundillo estudiantil universitario "buena onda", que se compró aquello de que era la "élite intelectual del país" y de que con sus lamentos democráticos van a ayudar a los "más necesitados", entender desde posiciones comunistas revolucionarias estas movilizaciones sólo como superficialidades y consecuencias del capitalismo espectacular, es no ver las potencialidades rupturistas que se van dibujando en estos momentos. Porque más de 100 mil estudiantes en las calles en todo el país no es sólo una muestra más del borreguismo reformista. Hay algo más. Si bien no toda movilización popular es constitutiva del desarrollo del movimiento comunista, la lucha de masas sí es imprescindible para el avance efectivo del mismo. Es decir, de manera más general, que no todo lo proletario es revolucionario(2), pero la ruptura comunista/anárquica sin la acción del proletariado constituido como clase es imposible(3).

Con todo, cuando la "gente común" pide más democracia, lo que está realmente haciendo es reconocer en la práctica la enajenación cotidiana de la que es parte, la falta intolerable de control y decisión sobre sus vidas. Y todo aquello lo reviste con la imagen mistificada y mitificada de la democracia, la cual en su expresión supuestamente auténtica garantizaría la posibilidad de expresar sus opiniones y definir el curso de su vida en base al intercambio libre de las mismas. Entregar elementos para romper con esa mistificación es una de las tareas de lxs comunistas/anárquicos, y eso se hace de manera seria y siendo parte de las experiencias (no de todas, claro está, sino de las que, luego de un determinado análisis, veamos como potenciales).

No se trata de que creamos que a partir de estas movilizaciones, dotándolas con una correcta orientación o conducción, entremos de lleno a un periodo abiertamente revolucionario, sino que las entendamos como procesos necesarios para la experiencia colectiva de la clase, desde los cuales comienza a abrirse camino hacia su propia liberación. Por ello, la potenciación de las características autónomas y rupturistas de estas protestas y demás acciones, que creemos posible, se torna una tarea fundamental de las individualidades y agrupaciones comunistas/anárquicas. Tenemos claro que la revolución no se trata de la acumulación cuantitativa de experiencias similares a las actuales (muy limitadas en su forma y contenido). No es la suma de parcialidades la que de por sí se torna revolucionaria. Ante todo, se requiere de cambios cualitativos para entrar a una fase de enfrentamiento clasista abierto. Es decir, es la esencia del movimiento la que debe ser distinta. Pero esa esencia, si bien no es consecuencia directa de la mera sumatoria de experiencias aisladas, si tiene sus raíces en el desarrollo de dichos procesos. Es por todo esto que los empeños de HD en demostrar el reformismo y la “estupidez” de estas experiencias no nos parecen aportadores ni clarificadores. No porque solamente el lenguaje sea agresivo, sino porque no reconoce la validez de estos eventos como posibles pasos para el movimiento en general, para generar una conciencia proletaria verdadera. Y es que la mantención de esta actitud lleva a la inacción y al desdén reaccionario hacia la actividad de la clase. Por supuesto que tampoco se trata de querer conducir estas movilizaciones asumiendo sus propias limitaciones, cuestión que, según nos parece, hacen o pretenden hacer otras organizaciones del marxismo-leninismo y afines al anarquismo oficial y plataformista. Son éstas las que, en nombre de la “inserción social”, lo que hacen es, tácita o explícitamente, asumir una limitación perpetua de las capacidades intelectuales, organizativas y revolucionarias del proletariado, puesto que no pretenden superar sino sumar parcialidades  que, bajo su alero, serían conducidas por la senda correcta (senda que es tan diversa como diverso es el espectro del izquierdismo). Como hemos planteado, la alteración de las relaciones en el seno de estas experiencias es la que nos interesa, no la conducción técnica y politiquera de un amasijo de contradicciones.

Por otro lado, lejos de condenar la violencia proletaria organizada o instintiva, y despreciando profundamente la actitud "pacifista" (y, paradójicamente, a menudo muy violenta con el "violentista") del “ciudadano democrático”, no nos encuadramos tampoco en la apologización y recuperación ideológica de todo desmadre que se produzca en las calles, muchos de ellos también interpretables como expresión espectacular de la violencia cotidiana que el sistema impone y reproduce. No toda expresión de lucha proletaria debe recurrir a la fuerza en todo momento. Pero la madurez de las mismas ya dará cuenta de eso.

En definitiva, el estudiantado sólo pasará a ser un agente de ruptura cuando sea capaz de comprenderse como parte integral de la clase sometida a la explotación, y como tal luche ya no por una mejor domesticación, sino por la subversión total de las relaciones alienantes, producidas y reproducidas por la sociedad de clases. Aquí no hay ninguna controversia con los/as compañeros/as de HD. Pero ese proceso no se logra sólo con la difusión de panfletos y comunicados, menos si estos se empeñan en desacreditar las experiencias particulares por sus evidentes limitaciones. Es, sobre todo, un camino cuyo inicio está en la superación de estas experiencias. No desconocemos la posibilidad de que a la vez se constituyan en mecanismos de autocontrol del mismo sistema, pero distanciarnos por este motivo es perder de vista las experiencias necesarias para el avance de la conciencia y acción proletaria para su autoliberación. 

Finalmente, hay que denunciar el intento mediático, estatal y reformista de fijar bajo sus criterios los límites entre manifestantes “buenos”, aquellos que con sus demandas en el marco de la legalidad contribuirían al progreso nacional, y los malos, esos “infiltrados ideologizados” que sólo buscan destruir (la expresión en la prensa de este intento es tan burda, que no debería costar mucho derribarla).

Esperamos que estos comentarios sean recibidos como una visión crítica fraternal y, en ningún caso, como un ataque o intento de demarcación entre lo correcto y lo falso. Si planteamos todo lo anterior, es porque reconocemos en HD un importante espacio difusor de teoría radical y análisis derivados de ella. Creemos que el fortalecimiento de una perspectiva comunista radical precisa de una crítica y autocrítica constante, dura si se requiere, pero fraterna y libre de suspicacias que no deberían tener lugar entre quienes nos planteamos la superación de las prácticas comunes de la izquierda del capital.
Por lo demás, en tiempos como estos, en que la acción y conciencia del movimiento proletario son débiles en términos generales, creemos necesario valorizar la integralidad y radicalidad de la teoría y praxis total de la clase, con el fin de generar perspectivas y posibilidades coherentes que permitan el advenimiento de un escenario (realmente) revolucionario. De ahí el interés en plantear nuestro punto de vista y posiciones, no sólo como ataque al status-quo, si no también como  contribución al movimiento del que, un puñado de compañeros que conformamos las RAP, creemos ser parte. 
Saludos revolucionarios. 
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NOTAS
(1) En particular, nos referimos a aquellos firmados por Comité de la Imaginación/Algunos Proletarios-as que estudian/Núcleo de Agitación Comunista.

(2) No creemos necesario desarrollar más este punto. Baste decir que la existencia del proletariado requiere de la alienación del mismo, por tanto la actitud “normal” de la clase, bajo la dominación de la ideología (siempre burguesa), tiende a ser reaccionaria. Así el machismo, la homofobia, el racismo, el nacionalismo, etc., son actitudes proletarias que claramente constituyen un obstáculo en el desarrollo de la propia conciencia clasista revolucionaria, y el hecho de recuperarlas so pretexto de “acercarse al pueblo” es parte de una política evidentemente reaccionaria.

(3)Y esto es lo que no comprenden ciertas corrientes del anarquismo, que promueven el “ataque ahora ya” al capital, mistificando ciertas acciones pirotécnicas en particular y desdeñando al “pueblo”, porque este sería un ente pasivo y totalmente entregado a la dinámica del sistema. Una cosa es reconocer el estado actual de la clase, y otra es perpetuar ideológicamente tal estado y entregarse a la idea romántica de crear islotes de resistencia y ataque al sistema. Ataque por lo demás ilusorio, porque el capitalismo prosigue su funcionamiento sin variar significativamente luego de estas acciones, respondiendo a su vez con su clásica maquinaria represiva mediática-estatal y enviando compañeros y compañeras a sus centros carcelarios o a la muerte. El capitalismo está fundado en relaciones sociales, por tanto son éstas las que deben ser subvertidas, desde el contacto interpersonal más íntimo hasta la relación inter-clasista mediada por la dominación, proceso en el cual el enfrentamiento físico con los aparatos contra-revolucionarios es sólo una parte. No desconocemos los brotes aislados de respuestas radicales a las condiciones brutales en las que nos mantiene el capital y sus estados, pero también comprendemos que para constituir una amenaza para la existencia del sistema y a la vez una propuesta creativa de relaciones sociales no-alienadas, hace falta más que la mera multiplicación de estos focos de lucha.

viernes, 17 de junio de 2011

Texto sobre la actual revuelta estudiantil (x Nucleo de Agitacion Comunista / Comite de la Imaginacion)

“Queremos educación gratuita”. Un grito desgarrador motiva la creación. ¿Queréis educación gratuita?, ¿Queréis que la universidad sea apta para tod@s? Pues abrid las puertas y educad a quien desee adquirir conocimientos, porque la educación no será mejorada por el Estado, sino por nosotr@s mism@s. Nada del Estado !!!!

¿Qué es lo que queremos?
“El Perro de Fry”, gritan 3 personas
¿Cuándo lo queremos?
“El perro de Fry”, vuelven a gritar.

Movilización y Lucha

Manifestarse democráticamente. Expresarse en Orden. Aislar a los violentistas. Sentarse a dialogar. “Conversemos pero ustedes vuelvan a la normalidad primero” pide el Poder. Y la masa parece quedar confundida, sin saber qué hacer, esperando acatar la orden que su organización, federación o centro de alumnos diga. La hinchada espera afuera. Los representantes hablaran y dirán algo mejor que nosotros, aunque lo que dicen se supone es lo que queremos que digan.  Victoria! Se consiguió lo que creíamos imposible!  Ahora de vuelta a clases. La presión sirvió.

El “estudiante movilizado” no escapa de su rol sumiso y obediente.  Las energías físicas y psíquicas siguen enclaustradas dentro del espectáculo: caminamos haciendo que marchamos y ocupamos las “anchas alamedas”. Simplemente participamos en la falsificación de la vida. Consignas, gritos y pancartas.  Lo dramático no es la reafirmación de la cotidianeidad alienante con actividades que se repiten una y otra vez sin servir de nada, lo dramático no es  la exigencia a un sistema social que todo lo convierte en mercancía, lo realmente dramático está en la completa no-intervención que acarrea toda movilización.

El “estudiante movilizado” es el estudiante que es movido de un punto a otro sin que se salga de su línea. Baja la cabeza a los parámetros que el poder  impone en su actuar, le teme a que una mínima acción fuera de lo programado lo haga aparecer en Tv como vándalo.  Cuando levanta la cabeza es para aplaudir al líder. Aplaudir cuando a los “infiltrados” los detienen y la policía los apalean. Al alcalde se le respeta. Al presidente se le respeta. Al carabinero también. Y por sobre todo, a esa realidad de la cual somos parte, que producimos pero que no controlamos, que nos controla. A ella se le respeta aun más.

El estudiante movilizado es necesario para la democracia. Pide mas Estado, pone el ojo ahí donde el Capital no había mirado. El ser despreciable que es el “estudiante” no se da cuenta que solo está en una posición transitoria dentro de las relaciones sociales, y que su condición primera es la de ser el portador de la nueva ciencia y tecnología para el perfeccionamiento del sistema capitalista espectacular de explotación al cual se ve el mismo sometido en estos momentos. Sueña con escapar de los índices de pobreza, se ilusiona con la bendición de su carrera estudiantil. No quiere ser como sus padres.
Seguir caminando y pidiendo la vuelta a un Estado “buena onda” solo nos debilita.  El problema de la educación, como el de los demás sectores, no es parcial, es un conflicto total.  Dialoguemos, nos dicen. Conseguimos algo, nos alegan. Peor es mascar lauchas. Pero luego otros tendrán la misma problemática. Y así se repetirá. Porque así funciona el capitalismo: lo que hay debe ser convertido en mercancía, lo que existe debe ser intercambiado por dinero. No hay límite a la ganancia.
 Si no enfocamos la problemática desde la raíz, RADICALMENTE, solo cooperamos en mantener la misma mierda reproduciéndose en nuestra existencia como su alcantarilla.

El estudiante se moviliza pero no lucha. Cada expresión que interrumpe la pasividad que representa nuestra propia actividad como algo ajeno en lo cual solo nos vale encajar, cada crítica hacia ese orden del capital, hacia la expresión práctica del capital (su democracia y métodos para mantenernos sumisos) es la mecha para transformar la movilización en LUCHA (DE CLASES).  Encontrándonos ante la verdadera cara del Estado/Capital se nos acaban las ganas de dialogar, de conversar. Somos sus enemigos. Cuando no hacemos lo que ellos desean, nos apalean. ¿Y cuando pretendemos imponer nuestras necesidades a este mundo que construimos? Aceptamos su dialogo y nos conformamos con migajas.

Aquellos que al mirar este mundo solo ven algo ajeno a sí mismos, que ven una realidad despojada de nuestro control, que se nutre de nosotros hasta en el mas mínimo gesto para proyectar una visión mística de si (el mejor de los mundos posibles, no hay nada que hacer, siempre las cosas fueron así) que desprecian la cotidianeidad que nos envuelve y arroja a la pasividad decadente…esas fuerzas presentes o “minorías” como algunos llaman, ahí está el motor de una revuelta que crea el mismo sistema. La problemática de la educación como de varias otras necesidades requiere empezar por un actuar que en la misma practica crea la situación consciente  de que quienes producen esta realidad somos nosotros.  Recuperamos la  capacidad de que NO estamos  exigiendo algo “democráticamente” y lo conseguimos, sino que para más bien queremos algo y lo obtenemos.

 Donde las cosas que nos dicen “es de todos” no es nada más que un elemento del Estado/capital para mantener su orden;  Sigue siendo un partícipe positivo en la falsificación de la vida, sigue siendo el producto en desarrollo a manos del estado y queda reflejado en sus movilizaciones. Es la fiel representación de una mente alienada sin iniciativa y dependiente del estado, no escapa a los límites impuestos, no ve más allá de ellos porque su rol ha sido desarrollado de esa manera y por lo tanto no tiene soluciones que no incluyan a la familia que lo educa, el capitalismo.
“Estudios públicos para tod@s”. Es el título del actual espectáculo, una pseudo rebelión contra el estado que a través de marchas y cánticos intenta combatir, mientras tanto… Los espacios se siguen desperdiciando.

LA SITUACIÓN ES BASTANTE SENCILLA Y PREVISIBLE. ¿TODAVÍA SEGUIRÁS ESPERANDO EL CAMBIO?
Hermanas y Hermanos de Clase: Somos Proletarios, No estudiantes.

domingo, 1 de mayo de 2011

TOLERANCIA CERO PARA QUIENES QUEMAN NUESTRO FUTURO

(x Núcleo De Agitación Comunista/Redes Por La Autonomía Proletaria/Comité De La Imaginación)



“Oh, caballeros, la vida es corta... Si vivimos, vivimos para marchar sobre la cabeza de los reyes.” W. Shakespeare

Hoy no es una fecha festiva. Que esté marcado como feriado en el calendario no lo hace igual a los otros pocos días de entre los 365 en que cada año aprovechamos para descansar un poco de la horripilante rutina a la que nos ha acostumbrado el trabajo asalariado.

Esta es una fecha, un día, como pocos, que fue arrebatado a la normalidad capitalista. Pero como todo enfrentamiento entre proletariado y capital, tuvo que pagarse con una tragedia: el encarcelamiento y ejecución de los Mártires de Chicago. Proletarios que a partir de las reivindicaciones a que el capital nos obliga a pelear, en tanto estamos obligados a vendernos como fuerza de trabajo, preparaban conscientemente el camino de la revolución social hasta el fin.


Hoy el capitalismo-espectacular superó la imaginación, superó las probabilidades, y sobrevive porque ha logrado adaptarse y mutar con gran eficacia. Se nos “representa” como la visión global y tolerante, pluralista y democrática, el fin natural del progreso -también natural- de la humanidad. La sociedad en que el “hombre/mujer libre” es capaz de decidir “sobre su vida”, en los escaparates del consumo, que ejerce la libertad de desplazarse en metro o micro de un punto a otro de los centros de distribución de mercancías humanas, animales, electrónicas y/o inanimadas.


En este mundo, invertido por la razón capitalista y estatal, la lucha frontal de los proletarios en contra del trabajo ha sido convertida en la “fiesta del trabajo”. O sea, en la celebración alegre y cobarde de nuestra propia esclavitud. No olvidemos que hoy los sindicatos nos mandan a marchar, a acumular fuerzas para “luchar por las reformas que el mundo laboral necesita” y así lograr el “trabajo digno”. Algunas “fuerzas de izquierda” hasta amenazan diciendo que los trabajadores no necesitamos a los capitalistas, ¡porque podemos auto-explotarnos y seguir trabajando autogestionadamente en la producción de nuestras propias mercancías!

Pero ¿por qué mendigar al Estado empleos “estables”? ¿Por qué seguir indefinidamente poniendo la vida al servicio de la acumulación de valor, de dinero, de mierda? ¿Para ser explotados-as indefinidamente? Nuestra clase no se va a levantar a estas alturas para reivindicar un “empleo estable”, un “trabajo digno”, un “trabajo decente”.


Ya pasaron los tiempos en que al luchar como clase exigíamos eternizar la propia servidumbre, la propia esclavitud cotidiana, en que se exigían cosas al Estado en su lenguaje propio de leyes y derechos, supervisores y reglamentaciones. Está más claro en todo el mundo que en 1886 el hecho de que aceptar las condiciones de explotación capitalista, su régimen salarial y su derecho al trabajo es una operación a la que sólo accedemos por la fuerza de la amenaza y la costumbre, por el terror económico y policial que impone sobre la casi totalidad de la gente desde hace unos cuantos siglos el Estado y el Capital (inseparables entre sí, como el Comunismo y la Anarquía). Pero está lejos de ser natural el aceptar venderse, el transformarse en cosa, en número de matrícula al servicio del capital y de la alta burguesía, de su estado y sus empresas, “públicas” y “privadas”, por eso siempre que existe miseria existe rebelión, y donde hay dominación estatal hay puntos de fuga que resplandecen dando una llama rojoscura.


Los izquierdistas de distintos colores nos dirán en este día que lo que nos falta es más democracia, o que el “poder” debiera volverse alguna vez “popular”. Pero los mecanismos de este sistema son tan democráticos como se necesita que sean en cada fase de desarrollo capitalista para que su clase acumule cada vez más dinero, y es obvio que ningún poder tiene por objetivo asegurarnos una existencia feliz y plena, sino que muy por el contrario, su objetivo es la destrucción de la unidad orgánica del proletariado y de sus intereses totales, en pos de la “organización” atomizada de los mismos según sus intereses parciales. Quieren hacernos luchar por los derechos correspondientes al individuo, las garantías del ciudadano (homus economicus), la vida de mierda del humano reducido a comprador y vendedor de mercancías.


Los sindicatos y partidos políticos son órganos vitales del Estado (siempre) burgués para desempeñar tal función. El verdadero partido comunista histórico es el proletariado en su más amplia expresión realizando simultáneamente la destrucción del poder y de la economía capitalista, interrumpiendo para siempre la producción de mercancías mediante actos ininterrumpidos de comunización.
Aprovechamos este día para expresar en actos nuestra más grande solidaridad con los-as proletario-as que viven y luchan en sus respectivos territorios alrededor del globo.


Reapropiémonos de la vida y reafirmemos nuestra humanidad. ¡Los proletarios del mundo reunidos en Chicago en 1886 no estaban luchando por trabajar más sino menos! Preparemos el futuro desarrollando y fortificando los lazos entre proletarios-as, construyendo redes de resistencia invisible afuera y contra toda mediatización, solidarizando activamente con los/ as compañeros/as castigados más duramente por el Estado/Capital, afuera de todo partido de izquierda o derecha, de todo sindicato, de toda asociación formal, de toda ONG... para hacer posible el único futuro humano que pueda poner definitivamente término a este horror que parece sin fin: la comunidad humana.


¡DICTADURA (ANTI-ESTATAL) DEL PROLETARIADO PARA LA ABOLICIÓN DEL TRABAJO ASALARIADO!

domingo, 23 de mayo de 2010

LA CUESTIÓN DE LA ORGANIZACIÓN PARA LA I.S. GUY DEBORD


LA CUESTIÓN DE LA ORGANIZACIÓN PARA LA I.S.
GUY DEBORD


Publicado originalmente en Internationale Situationiste # 12, Sept. 1969, traducción de Juan Fonseca publicada en DEBATE LIBERTARIO 2 - Serie Acción directa - Campo Abierto Ediciones Primera edición: mayo 1977
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1.- Todo lo que se conoce hasta ahora de la I.S. pertenece a una época que venturosamente ha acabado (puede decirse con más precisión que era la "segunda época", si se cuenta como una primera la actividad centrada sobre la superación del arte, en 1957-1962).

2.- Las nuevas tendencias revolucionarias de la sociedad actual, aunque sean todavía débiles y confusas, ya no están relegadas a una marginación clandestina: este año hacen acto de presencia en la calle.

3.- Paralelamente, la I.S. ha salido del silencio; y debe -obrando con estrategia- explotar ahora esta abertura. No puede evitarse la boga, aquí y allá, del término "situacionista". Debemos actuar de modo que este fenómeno (normal) nos sirva más que nos perjudique. "Lo que nos sirve", a mis ojos no se diferencia de lo que sirve para unificar y radicalizar las luchas dispersas. Esta es la tarea de la I.S. en tanto que organización. Aparte de lo anterior, el término "situacionista" podría designar vagamente una determinada época del pensamiento crítica (bastante bien está ya con haberlo iniciado) pero a la cual nadie está vinculado más que por lo que hace personalmente, sin referencia a una comunidad organizacional. Aunque mientras dicha comunidad exista, deberá conseguir distinguirse de quien habla de ella sin ser ella.

4.- Cabe decir, en cuanto a las labores en que nos hemos reconocido anteriormente, que actualmente es necesario poner el acento menos sobre la elaboración teórica, que debe continuar, que sobre su comunicación esencialmente sobre la unión práctica con lo que surge (aumentando ahí rápidamente nuestras posibilidades de intervención, de crítica, de apoyo ejemplar).

5.- El movimiento que comienza a duras penas es el comienzo de nuestra victoria (es decir, la victoria de lo que sosteníamos y demostrábamos desde hace varios años). Pero esta victoria no debe ser capitalizada por nosotros (cada afirmación de un momento de la crítica revolucionaria, en este sentido, reclama ya -al nivel en que se encuentra- la exigencia de que toda organización coherente avanzada sepa perderse en la sociedad revolucionaria). En las corrientes subversivas actuales y próximas, hay mucho que criticar. No sería nada elegante que nosotros hiciésemos esta necesaria crítica dejando a la I.S. por encima de la misma.

6.- La I.S. debe ahora demostrar su eficacia en un período ulterior de la actividad revolucionaria o bien desaparecer.

7.- Para tener posibilidades de alcanzar tal eficacia, hace falta ver y declarar algunas verdades sobre la I.S., que evidentemente eran ya verdaderas de antemano. Pero en el período actual en que este "verdadero se verifica", ha venido a ser urgente precisarlo.

8.- Como la I.S. nunca fue considerada por nosotros como un fin, sino como un momento de una actividad histórica, la fuerza de las cosas nos obliga ahora a demostrarlo. La "coherencia" de la I.S. alude a la relación, tendente a la coherencia, entre todas nuestras tesis formuladas, entre ellas y nuestra acción; de ahí nuestra solidaridad para las cuestiones (muchas, no todas) en que cualquiera de nosotros debe comprometer la responsabilidad de los otros. Esto no puede ser una garantía absoluta para nadie que se reputase como que había adquirido también nuestras bases teóricas que sacase automáticamente de ellas la buena conducta indiscutible. Ni la exigencia (mucho menos el reconocimiento) de una excelencia igual de todos sobre todas las cuestiones o actuaciones.

9.- La coherencia se adquiere y se verifica mediante la participación igualitaria en el conjunto de una práctica común, que a la vez descubra los defectos y aporte los remedios. Esta práctica exige reuniones formales, que suspendan las decisiones, la transmisión de todas las informaciones, el examen de todas las faltas constatadas.

10.- Dicha práctica requiere en estos momentos más participantes en la I.S., tomados entre quienes confirmen su coherencia y demuestren sus capacidades. El pequeño número, bastante injustamente seleccionado hasta ahora, ha sido causa y consecuencia de una sobreestimación ridícula concedida "oficialmente" a todos los miembros de la I.S. por el mero hecho de que lo sean, aún cuando muchos no hubiesen probado en absoluto capacidades mínimas reales (veánse las exclusiones desde hace un año, garnautimas o inglesas). Esa limitación numérica pseudocualitativa aumenta exageradamente la importancia de toda disputa particular, al mismo tiempo que la suscita.

11.- Un producto directo de esta ilusión selectiva, en el exterior, ha sido el reconocimiento mitológico de pseudo-grupos autónomos, situados gloriosamente al nivel de la I.S. cuando no eran más que sus débiles admiradores (por tanto, a la fuerza, a corto plazo sus sucios detractores). Me parece que nosotros no podemos reconocer grupo autónomo sin medio de trabajo práctico autónomo; ni el éxito duradero de un grupo autónomo sin acción unida con los obreros (sin que desde luego caiga por debajo de nuestra "definición mínima de las organizaciones revolucionarias"). Todos los tipos de experiencias recientes han mostrado el confusionismo recuperado del término "anarquista" y creo que debemos oponemos a él por todos los medios.

12.- Estimo que es preciso admitir en la I.S. la posibilidad de tendencias a propósito de diversas preocupaciones u opciones tácticas, a condición de que no sean puestas en cuestión nuestras bases generales. Es preciso, igualmente, ir hacia una completa autonomía práctica de los grupos nacionales, a medida que ellos sepan constituirse realmente.

13.- Al contrario de las costumbres de los excluidos que, en 1966, pretendían alcanzar - inactivadamente- en la I.S. una realización total de la trasnparencia y de la amistad (se estaba casi hastiado de criticar su fastidiosa compañía), y que consiguientemente deban rienda suelta en secreto a los celos más estúpidos, bulos indignos de escuela primaria, complots tan ignomiosos como irracionales, sólo debemos no admitir entre nosotros relaciones históricas (una confianza crítica, el conocimiento de las posibilidades o limitaciones de cada uno), pero sobre la base de la lealtad fundamental que exige el proyecto revolucionario que se definió desde hace más de un siglo.

14.- Nosotros no tenemos derecho a equivocamos en la ruptura. Deberemos equivocarnos aún en la adhesión -con más o menos frecuencia: las exclusiones no han marcado casi nunca un progreso teórico de la I.S. (no descubríamos en dichas ocasiones una definición más precisa de lo que es inaceptable- lo sorprendente del garnautismo se refiere justamente que era una excepción a tal regla). Las exclusiones han respondido casi siempre a presiones objetivas que las condiciones existentes reservan a nuestra acción: esto corre el peligro por tanto de reproducirse a niveles más elevados. Los "nahismos" de todas clases, podrían renacer; de lo único que se trata empero es de estar en disposición de destruirlos.

15.- Para concordar la forma de este debate con lo que yo creo que debe ser su contenido propongo que este texto sea comunicado a determinados camaradas próximos a la I.S. o susceptibles de formar parte de ella, y que solicitemos su opinión sobre esta cuestión.

sábado, 12 de septiembre de 2009

A 36 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO: PROFUNDIZAR LA RUPTURA TOTAL CON LA SOCIEDAD DE CLASES.

“Cuanto más desarrollada, más ‘pura’ es la democracia, más abierta y cruel es la lucha de clases, y más claramente se manifiesta la ‘pureza’ de la opresión del capital y la dictadura de la burguesía” (Internacional Comunista, Tesis sobre la democracia burguesa y la dictadura proletaria, 1919).

Resulta imposible comprender tanto lo que fueron el régimen de la Unidad Popular y la dictadura liderada por Pinochet, sin referirse a la naturaleza de clase del reformismo de izquierda y al nuevo ciclo de agitación proletaria que se inició en todo el globo a partir de los últimos años de la década del 60 y la manera en que afectó la dominación capitalista global.

Si ya el mismo Marx había definido a la socialdemocracia como la unión entre sectores proletarios que limaban la punta de su programa socialista con sectores pequeño-burgueses que radicalizaban sus demandas democráticas, durante el siglo XX la socialdemocracia y sus variantes de izquierda (el “leninismo” –segunda gran deformación del marxismo- en todas sus formas) pasaron a desempeñar abiertamente el rol de contención y encuadre de los proletarios, poniéndolos al servicio del modo de producción capitalista (privado, de Estado o mixto). Contención: para evitar la ruptura comunista. Encuadre: haciendo que los trabajadores se sientan orgullosos de ser un engranaje del sistema capitalista, e integrándolos al mismo mediante sus partidos y sindicatos.

Si algo pudiera darnos nostalgia del período histórico abierto a fines de los 60 y que para nosotros en Chile se cerró violentamente en 1973, no se trata de los partidos de la izquierda estatalista de mierda que tuvimos durante la mayor parte del siglo XX, ni las bondades de un capitalismo diferente del actual, pero que esencialmente es lo mismo: un régimen de explotación y dominación de la mayoría a costa de unas cuantas familias. Lo que se puede echar de menos de esa época son los niveles de conciencia de clase y auto-actividad proletaria por el socialismo desde abajo, que en el llamado “segundo asalto proletario contra la sociedad de clases” se empezaron a instaurar por todas partes, en las calles, fábricas, escuelas y cárceles. Esta oleada de comunismo en actos se hizo fuerte a partir de 1967/68 y duró casi una década. Luego de eso, el capitalismo tuvo profundas reestructuraciones que han implicado una verdadera “contra-revolución” donde se ha impuesto el modelo llamado “neoliberal”.

Pero el capitalismo es, al mismo tiempo, en parte invariante, y en parte tremendamente flexible. Y dado que la nostalgia es reaccionaria, tenemos que sacar nuestra poesía del futuro, pero el conocimiento y valoración de las distintas etapas previas de la lucha de clases debe alimentar nuestras conversaciones, debates y reflexiones. Atacar toda mistificación, para reconocer en cada momento las fuerzas que en realidad estaban en pugna, asumiendo que en un sentido histórico hay sólo dos grandes bandos: los que quieren mantener el orden social clasista, y los que queremos derribarlo.

En el primer bando debemos inscribir a todos los partidos, sindicatos y organizaciones que representan la izquierda del capital, incluyendo por supuesto ahí a la llamada “Unidad Popular”: una versión renovada de los frentes populares con los que la contra-revolución estalinista impuso la colaboración de clases a partir de los años 30. En el segundo bando, debemos rastrear por debajo de toda esa mierda reformista para encontrarnos con la autoactividad proletaria expresada en expropiaciones y luchas colectivas, y que se intentó organizar en cordones industriales y comandos comunales. Lamentablemente, en estas experiencias de contrapoder proletario la clase se vio aislada y saboteada por los partidos que decían representarla: no podía ser de otra forma, y es por eso que llamamos “izquierda del capital” a toda esa bosta que ya era maloliente en 1970 y que reciclada ha llegado hasta nuestros tiempos encumbrándose en el poder estatal para administrar mejor el capitalismo total.

Pese a los esfuerzos de muchos militantes de base, el proletariado fue arrojado sin armas (ni materiales ni “ideológicas”) al callejón sin salida de la reacción, confirmando una vez más la famosa sentencia conocida por todo movimiento revolucionario: “quienes hacen revoluciones a medias, cavan su propia tumba”. Por eso, cuando se habla de “derrota”, hay que distinguir: pese al fracaso de las ilusiones socialdemócratas sobre la llamada “vía chilena al socialismo”, el reformismo en realidad no fracasó, puesto que su misión real que es la de administrar por la izquierda el funcionamiento del capitalismo. Fue exitoso en su desarme del proletariado, y las consecuencias las sufrió toda la clase, no sólo en ese momento, sino que hasta el día de hoy. Al efecto, basta con recordar como en el Cordón Cerrillos el 11 en la mañana la resistencia espontánea y heroica de obreros y obreras que levantaron barricadas sin esperar órdenes de arriba no se vio acompañada de la entrega de armas por parte de los partidos y orgánicas que supuestamente se habían estado preparando para una situación de crisis.

Durante la dictadura, el reformismo siguió desarmando a los proletarios: ahora se trataba de luchar a favor de la democracia, contra Pinochet, y no contra el capitalismo. La izquierda del capital se dedicó a castrar la lucha de masas contra la dictadura promoviendo el “antifascismo”, en rigor una nefasta ideología secretada por el cerdo estalinista de Dimitrov para justificar la colaboración de clases. De ahí sus límites: fue una lucha “contra Pinochet” (una persona), por la “democracia” a secas. Y cuando esa palabra se usa sin apellido, se trata siempre de la democracia burguesa.

Por eso es que a 20 años de la “salida democrática” en que Pinochet le entregó el mando a uno de los principales golpistas del 73 (Patricio Aylwin), podemos comprobar que en democracia la dominación capitalista es más total, más invisible, más perfecta. Así, la democracia se ha mostrado en varios sentidos como más represiva que la dictadura. 2 ejemplos:

-En “dictadura”, para entrar a los campus universitarios se requería, formalmente al menos, de la autorización de las autoridades universitarias. En el primer año del gobierno de Aylwin el fascista Espina hizo aprobar una Ley que autoriza a la policía a ingresar a donde quiera si considera que hay “delito flagrante”.

-El sistema penal, esa picadora de carne proletaria, encerraba a menos de 20 mil personas en 1990. Ahora hay más de 53 mil presos, y una avalancha de vigilancia y represión dirigida especialmente contra los sectores antagonistas.

La dominación capitalista es siempre una mezcla de dictadura y democracia: necesita la democracia para legitimarse como una sociedad racional y dialogante; y la dictadura, porque el capitalismo nace del uso de la fuerza, primero una suma de “fuerzas privadas”, y luego al crear su Estado, convierte esa violencia en “fuerza pública” y espectáculo punitivo.

En el momento actual, el nivel de insatisfacción ante la colonización destructiva de todo por el capital (dictadura del trabajo y el tiempo muerto), los gritos de protesta y los ataques difusos contra el sistema están empezando a incrementarse notablemente. Y a diferencia del lastre democrático burgués que operó en dictadura y hasta bien entrados los 90, ahora el antagonismo y los ataques contra el aparato represivo del Estado y el Capital no provienen de organizaciones “leninistas” que pretendían representarnos, sino que de individuos y colectivos organizados anárquicamente en torno o objetivos comunes que directamente enlazan con el programa comunista de abolición de todo tipo de poder separado y de sociedades de clases.

Mientras tanto, en el patio trasero del movimiento social, los reformistas actuales nos dicen que el problema son los restos de dictadura que aún quedan, y que debemos profundizar la democracia. De la misma forma, ayer decían que el problema no era el capital, sino el imperialismo. Que el problema no era el trabajo, sino la falta de planificación de la Economía. Pero ahora hacen evidentemente el ridículo.

Recordemos que el propio Lenin en 1919 decía que tenemos todo el derecho a usar la violencia para “derrocar a los explotadores y aplastar su resistencia”. Es más, si queremos evitar la violencia que implica el funcionamiento “normal” de la economía autonomizada (30.000 niños muertos al día), la única manera es interrumpir el progreso, hacer que la sociedad del capital deje de funcionar.

Dado el incremento drástico de la criminalización de la lucha social, conducida por la prensa y TV burguesas y su policía fascista, es totalmente legítima toda respuesta enmarcada en la violencia proletaria -si bien en cada momento hay formas que son mejores que otras, y confiamos en que en el verdadero movimiento anticapitalista por el comunismo desde abajo esto es bien sabido-. Cada uno a lo suyo. Lo importante es empezar a golpear fuerte, y golpear juntos. Además de la “contra-represión” (nuestro derecho a defendernos a priori de la represión ejercida en nuestra contra por los proles desclasados que son los degolladores de verde y los de la PeDofIlia), ataques descentralizados en los barrios altos, irrupciones imprevistas en donde nadie nos espera, uso de artefactos adecuados para defenderse atacando (por ejemplo, grandes tiestos de pintura en las manifestaciones callejeras para ser usados contra quienes nos traten de disolver), etc. etc. etc. Pues el proletariado es por sobre todo creativo y emplea todas las formas de lucha, pero ahora ya.

Así que, ante un nuevo aniversario de una de las maniobras más violentas de la clase dominante en contra nuestra, recordamos a los luchadores caídos trayéndolos directamente a las luchas del presente.

“El curso general de la revolución proletaria es igual en todo el mundo: empieza a preparar inmediatamente la extinción completa de todo Estado” (Internacional Comunista, 1919).

CONTRA LA POLICÍA FASCISTA: PIQUETES COMUNISTAS

CONTRA LA DICTADURA DEMOCRÁTICA DEL CAPITAL Y POR EL COMUNISMO ANÁRQUICO: CREAR COMUNIDADES DE LUCHA, AMPLIANDO Y RADICALIZANDO LA NEGACIÓN EN ACTOS DE LA SOCIEDAD MERCANTIL Y AUTORITARIA.

Con amor y rabia,

R.A.P. (Redes por la Autonomía Proletaria)